Segundo aniversario


padre Hernando Arango

Conocí al padre Hernando Arango en abril de 1999 en Lucerna (Suiza), donde vivió más de dos décadas ejerciendo su labor sacerdotal, especialmente con las comunidades española, portuguesa y latinoamericana asentadas en esa ciudad. Él no me conocía, pero me recibió en la estación de tren, pues Cristina, su sobrina y mi amiga, me había recomendado. Me invitó a caminar un rato y comer algo antes de acompañarme al hotel que yo había reservado. Luego de buena tertulia me dijo: “Andate para mi casa, que voz y yo como que hacemos buenas migas ”. Esas migas duraron 17 años, hasta su partida.
Disfruté mucho de él, de su gran cultura, de su cálido trato y de su charla fascinante. Hablaba varios idiomas y era versado en latín y griego antiguo, era fuente inagotable de historias. Siempre, al despedirnos, le pedía la bendición, la cual me brindaba con suma belleza.
Sus últimos 10 años los vivió en Manizales, prestando su servicio espiritual en la Parroquia de Palermo, donde se ganó fácilmente el afecto de muchos.
Con nuestro amigo común, Armando Ramírez, de cuando en cuando salíamos a tomar el algo o a comer; pasábamos momentos muy gratos.
El padre Hernando me contó de la existencia del padre Pío, y solo porque fue Hernando quien me lo presentó, el padre Pío se convirtió en un santo protector para mí.
El padre Hernando fue un alma bella que me acompañó dulcemente, al que le pido que me siga tutelando.
Ricardo Correa Robledo
 


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