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La relación entre hermanos, un laboratorio natural


Kelly García Cruz

El País | LA PATRIA | Cali

“Mamá, mi hermana me pellizcó”; “Papá, mi hermano me quitó mi juguete” o “No encuentro mi blusa favorita, ¿quién la tiene?” son expresiones comunen entre hermanos, en especial durante la niñez.

Estas peleas, habituales en muchas familias de hoy son motivo de estrés para los padres y generan inestabilidad en el hogar. Pero, ¿Qué hacer para evitarlas?

Para la psicóloga de la Universidad del Valle, Jéssica Rodríguez, los hermanos ofrecen la primera y, probablemente, la más intensa relación de un menor con un igual.

Vanessa Cediel Valencia, psicóloga y magíster en familia de la Universidad Javeriana, asegura que el sistema fraterno en las familias funciona como laboratorio, en el que los niños adquieren habilidades interpersonales, que les permiten convivir con una persona que está en condiciones similares a ellos, para aprender sobre resolución de conflictos, comunicación asertiva, solidaridad y empatía.

En esto coincide Rodríguez al explicar que los hermanos son importantes porque la relación que se teje es como un laboratorio natural que brinda la posibilidad de aprender a manejar los desacuerdos y regular las emociones positivas y negativas. Además, se aprende a crecer en compañía, lo que permite una visión más amplia del mundo”.

Las peleas

Las discusiones entre hermanos son comunes y se consideran como el momento que tienen los niños para aprender a gestionar sus emociones, comunicarse y resolver conflictos. Pero lograr hacerlo adecuadamente, según la profesional, requiere un entrenamiento, el cual es dado generalmente por los padres o cuidadores.

Es necesario que los padres analicen la situación para que puedan a determinar si las peleas entre sus hijos deben seguir su curso normal sin que ellos intervengan o si deben mediar. La experta también advierte que “una relación conflictiva entre hermanos puede ser la causa de trastornos de ansiedad, depresión y comportamientos desadaptativos en el ciclo vital de la adolescencia”.

Por el contrario, una relación de carácter sano y positivo del sistema fraterno promueve el desarrollo cognitivo, del lenguaje y el entendimiento de las perspectivas y emociones de otras personas.

El ejemplo

La relación que mantengan los cuidadores o padres también influye en los lazos que se tejen entre hermanos. Al respecto Rodríguez manifiesta que los hijos tomarán como referente el ejemplo del comportamiento verbal y físico de los adultos.

“Si se tejen buenas relaciones entre los mayores, estos servirán como un referente para que entre hermanos haya diálogo, respeto, comprensión y valoración, generando lazos de apoyo mutuo. Pero, si no hay buenas relaciones entre padres, se podría dar un distanciamiento afectivo entre hermanos e incluso comportamientos hostiles”, aclara Rodríguez.

Según la experta, una forma de intervenir de los padres es mediar como árbitros, observar cómo se comportan y comprender la naturaleza del conflicto. Hay que escuchar a ambas partes y mediar para que los hijos aprendan a ceder en sus diferencias y establezcan acuerdos.

Para mejorar la comunicación, Rodríguez recomienda un ejercicio: Cambiar la pregunta que se hace en el saludo. Pasar de “Hola, ¿cómo estás?” a “Hola, ¿cómo te sientes?”, porque cuando hablamos desde el sentimiento, se abren los canales de comunicación, pues en el transcurso del día, se experimentan muchas emociones.

“Los padres no deben tratar a sus hijos de forma preferente, o sea, dando afecto, disciplina y atención más a un hijo que a otro, pues será evidente ese trato diferenciado y las relaciones entre los hermanos estarán propensas a ser más conflictivas y menos agradables, porque se promueven sentimientos de hostilidad, celos, competitividad, y, en ocasiones, hasta odio entre ellos”, Jéssica Rodríguez, psicóloga.


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