Una tarea, aún incompleta


El cumplimiento con suficiencia de la meta de matriculados en los colegios de Caldas este año, al llegar a 87.081 alumnos, cuando el objetivo era de 86 mil, evidencia que cuando se acomete con responsabilidad y compromiso la búsqueda de un propósito es posible lograrlo, y que tal vez en el pasado no se hizo lo suficiente para evitar la caída vertiginosa que se ha tenido en número de matriculados en Caldas. 57 colegios de los 165 que se tienen en los 26 municipios caldenses, distintos a Manizales, estuvieron por encima del 100% de lo previsto e incluso debieron ampliar sus cupos para atender toda la demanda. Ahora bien, con respecto a los matriculados el año pasado, tenemos hoy 1.783 niños menos, y no 3 mil menos como se calculaba.
Es cierto, como se ha dicho en los años pasados, que el crecimiento de la población en la región ha venido en retroceso, que hay menos nacimientos hoy de los que se tenían décadas atrás, y que eso ha llevado a que el número de niños que buscan ingresar al sistema educativos es cada vez menor. Incluso, las cifras preliminares del censo de población y vivienda realizado el año pasado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), señalan que tanto en Caldas como en Manizales hemos decrecido en número de habitantes. No obstante, el ritmo de caída en la población escolar en los últimos 15 años resulta exagerado y en términos absolutos sufrimos un descenso de proporciones gigantescas.
Según la Secretaría de Educación Departamental cada año se gradúan 5 mil bachilleres, pero solo ingresan 2 mil niños al preescolar, lo que implicaría una caída anual promedio de 3 mil estudiantes en todo el sistema educativo de Caldas desde los primeros años hasta el final de la educación media y vocacional. Tiene lógica ese razonamiento, pero también puede ser cierto que gran parte de los menores en edad escolar no están yendo a los colegios, ya sea porque nunca han ingresado por cualquier circunstancia o porque después de haber estado algún tiempo desertaron y no han vuelto. Resulta fundamental hacer un seguimiento más pormenorizado para entender de mejor manera lo que viene ocurriendo.
Adicionalmente, no se puede bajar la guardia en el ofrecimiento oportuno del transporte escolar para las áreas urbanas y rurales, y la entrega cumplida y de calidad de los desayunos, almuerzos y refrigerios en todos los niveles, ya que esa es la mejor manera de convencer a los niños y a sus padres de los beneficios de estar escolarizados y construir las posibilidades de un mejor futuro. Sin duda, se han tenido avances significativos en los años recientes y en términos de calidad y cobertura se tienen algunos resultados que apuntan a tendencias positivas, pero ahora es cuando más ambiciosos, exigentes y autocríticos debemos ser, para que no se quede ni un solo niño sin estudiar, estando dadas todas las condiciones necesarias para que se eduque. La cobertura es del 97%, según la Secretaría de Educación, pero ese 3% que falta representa todavía muchos niños que no tendrán oportunidades de un mejor futuro.

Hay que recocer, sin duda, lo hecho por instituciones como la de Nuestra Señora del Rosario de Villamaría, la Institución Educativa Manzanares y la Institución Educativa El Madroño de Belalcázar, entre otros. Las autoridades educativas de esos municipios y los rectores de esos colegios deben ser reconocidos por la respuesta dada a la necesidad garantizar que todos los niños en edad escolar asistan a las aulas, sean ellos campesinos, indígenas o emigrantes de cualquier tipo, pero que tengan esos municipios como sus lugares de vivienda. En esto se necesita que todos los municipios y los colegios de Caldas se esmeren por garantizar que ningún niño se quede sin ir a la escuela.

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