Un presidente a la defensiva


Tres semanas después del cierre parcial del Gobierno estadounidense, ante la falta de acuerdo entre la Presidencia y las mayorías del Congreso, el presidente de ese país, Donald Trump, se refirió al tema en una alocución televisada en horario estelar, en busca de apoyo para su iniciativa de destinar 5 mil millones de dólares del presupuesto a la construcción de un muro en la frontera con México, una de sus mayores promesas de campaña. Para sustentar su petición acudió a toda clase de datos sobre criminalidad, sobre muertes de consumidores de heroína, entre otros, que en su mayoría fueron falsos, exagerados o sacados de contexto, de acuerdo con los más importantes medios de ese país.
El mandatario confirmó que viajará hoy a la frontera con México, con el fin de seguir presionando para conseguir los recursos para su idea, ante lo que los demócratas se niegan con el argumento de que se trata de una propuesta inmoral. Ante la acusación que sostiene Trump contra los demócratas de no permitir que el Gobierno fluya, los líderes de este Partido salieron al paso y dijeron que es el mandatario el que tiene secuestrados los recursos de unos 800 mil trabajadores y de servicios críticos como la salud, la seguridad y el bienestar.
A pesar de la fuerte oposición que tiene en la Cámara, de la falta de respaldo de instituciones académicas o de la prensa en general, Trump se siente fortalecido porque la economía en su país va bien, algunos creen que es a pesar de él, y porque sus electores sienten que toma las decisiones que prometió. El problema es que se trata del líder del país que ha defendido las libertades en el mundo, el mismo que pregona la importancia del respeto a los derechos en otras naciones, que es base fundamental de las principales organizaciones multilaterales y que ha promovido hasta ahora el comercio internacional, del que este presidente se aparta, para promover un nacionalismo que puede generar más problemas que soluciones.
Los datos son evidentes en que la migración desde la frontera sur ha disminuido en por lo menos dos terceras partes en los últimos cuatro años y en que la droga está llegando a ese país por vía aérea, marítima o en vehículos y no en las manos de los migrantes que cruzan a pie. Estos son solo ejemplos, de cómo los datos contundentes van en contravía de lo que sostiene el Gobierno estadounidense en manos de Trump. Con su mirada sesgada y particular de ver el mundo decide tomar decisiones que contravienen las cosas que hasta ahora han funcionado. Claro que es legítimo que un país cuide su frontera, pero no puede ser el único argumento para acusar a otros de todos sus males.

Estados Unidos en este momento no parece consciente del daño que le puede causar a su imagen esta circunstancia. De ser un país respetado en el mundo, un aliado clave en las políticas internacionales de derechos humanos y de mercados libres, parece retroceder peligrosamente. En la medida en que no se llegue a un acuerdo para reabrir todo el Gobierno la propia economía podría sufrir un revés y esto es lo único que parece motivar el interés de las mayorías en la política. Falta ver si Trump llega al punto, como muchos temen, de arrogarse funciones extraordinarias para construir el muro, algo que llevaría a un amplio debate jurídico al país y que lo haría parece como las repúblicas bananeras que tanto se han criticado desde allí.

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