Un país sin luces


Venezuela se queda a oscuras por deficiencias en el mantenimiento de sus redes e instalaciones eléctricas, mientras que el régimen de Nicolás Maduro culpa a los opositores de atentar contra el sistema energético. Ya la Fiscalía General señaló al presidente interino, Juan Guaidó, como responsable de sabotaje, y abrió una investigación para tratar de implicarlo; y también el periodista Luis Carlos Díaz resultó detenido y acusado de participar en tal sabotaje. Lo más absurdo es que los chavistas hablan de ciberataque, cuando eso es imposible que ocurra en un sistema análogo como el que hay en Venezuela.
Si el vecino país vivía desde hace tiempo un gran apagón económico, que le impide garantizar alimentos y medicinas a la población, desde el pasado fin de semana vive un verdadero caos, con cortes de energía que provocan muertes de niños y ancianos en hospitales y que sumen al otrora próspero país suramericano en el episodio más oscuro de su historia, pese a que el sistema eléctrico en condiciones normales tendría capacidad para surtir tres veces la demanda. Ahora bien, como lo dijo el propio presidente de la Asociación Venezolana de Ingeniería Eléctrica, Winston Cabas, el sistema eléctrico venezolano es “vulnerable, frágil e inestable”.
Lo que parece claro es que la emergencia comenzó con un incendio en una línea de 765 kilovoltios de la que depende el 90% el suministro nacional. La causa estaría en la ausencia de mantenimiento que expertos venezolanos venían denunciando desde hace por lo menos una década sin que se tomaran en serio sus advertencias. El colapso de hoy pudo evitarse, pero como tantas otras cosas en el vecino país el asunto se echó al olvido. Algún pequeño desajuste ocasionó las llamas iniciales que ahora tienen a los venezolanos en penumbra, sin saberse hasta cuándo podrá estabilizarse el sistema. Las plantas térmicas, que trabajan a tope, son las que permiten que haya por lo menos energía intermitente en las distintas regiones.
Si los niveles de inseguridad antes de los apagones eran excesivos, desde el pasado fin de semana el problema es mayor, y los saqueos a supermercados y otros comercios se han disparado. Otros servicios que en buena medida dependen de la electricidad como la telefonía celular y el internet sufren fallas protuberantes, y hasta el suministro de agua potable se ha visto en problemas, al punto de que muchos ciudadanos salieron de sus casas con vasijas a tomar agua de parques públicos y del río Gauire, en el caso de Caracas, pese a que ese afluente es receptor de todas las aguas negras de la capital. 
Así, Venezuela viene de tumbo en tumbo, mientras decenas de miles de sus habitantes se marchan a países vecinos como Colombia, donde la presión migratoria viene generando problemas de salubridad, desempleo e inseguridad especialmente en la frontera. Maduro solo atina a señalar con ligerezas supuestos responsables de las tinieblas, cuando es su régimen equivocado el que tiene la nación al borde del precipicio. De seguir así las cosas, muy seguramente la Asamblea Nacional aplique el artículo 187 de la Constitución que autoriza una intervención internacional para atender emergencias. 

Entre tanto, se requiere que el régimen de Maduro libere cuanto antes al periodista acusado de ser supuesto instigador del apagón que hoy vive Venezuela. Un comunicador que solo cumple con su tarea de informar, que es defensor de derechos humanos y únicamente tiene el arma de la palabra no tiene por qué ser tratado como delincuente. No es la primera vez que se atenta contra los periodistas y la libertad de expresión, se necesita que de manera urgente las Naciones Unidas intervengan para garantizar el mínimo respeto a los derechos humanos.


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