Márquez y el Paisa deben regresar


Dicen los exjefes guerrilleros Iván Márquez y el Paisa, que el proceso de paz con las Farc fue traicionado y que no tienen garantías para regresar a la vida pública, como dejan ver en su dura carta que sería su deseo. La misiva fue dirigida a la Comisión de Paz del Congreso de la República, y actualmente es objeto de análisis por el Gobierno Nacional. No obstante, los líderes del nuevo partido Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), demuestran con hechos que garantías sí hay y que el proceso de paz sigue en marcha, por lo que llaman a sus compañeros a que reconsideren su posición y se decidan a empujar hacia el mismo lado.

Eso es lo que debería suceder, que estos dos dirigentes y también Romaña, quien tomó una actitud similar de abandonar su escolta y tomar un rumbo desconocido, le devuelvan la confianza al proceso de paz regresando e integrándose a los objetivos con los que se desarrollaron los diálogos y se concretó el desarme. Nadie puede dudar que la negociación que se hizo con ellos para desactivar el conflicto armado fue exitosa, pero son Márquez, el Paisa y Romaña quienes pueden llevar los resultados al fracaso si permanecen con la actitud de querer abandonar el proceso.

El senador Carlos Antonio Lozada, de ese movimiento político, desde su curul de senador en el Congreso de la República, demostró que lo pactado se está cumpliendo, pues no de otra manera él estaría en el Legislativo al lado de sus compañeros que también hacen parte de esa corporación. Desde luego que la implementación ha sufrido algunos obstáculos y que hay incumplimientos, pero eso es lo natural en este tipo de situaciones, y la peor actitud frente a ello es dar la espalda y huir, cuando lo que tiene que hacerse es defender lo pactado por las vías democráticas y conseguir que la sociedad colombiana se mantenga en la posición de preferir la paz a la guerra.

Si los exjefes guerrilleros quieren el cumplimiento del Estado a lo pactado deben actuar de manera abierta, sin dejar ver la posibilidad de irse a reforzar las disidencias de esa guerrilla. Esa sería una determinación obtusa que no solo los volvería blanco de las autoridades, sino que provocarían que el conflicto ya desactivado vuelva a encenderse por su irresponsabilidad.

Esgrimir el caso de Jesús Santrich como argumento para mantenerse ocultos no tiene razón de ser, ya que el acuerdo también consideró tal situación. Si no hubo reincidencia de ellos en el delito después de noviembre del 2016 no tienen que perder los beneficios acordados. La mejor manera de darle impulso a los acuerdos y exigir que las instancias comprometidas se pongan en la tarea de agilizar la implementación y concretar soluciones para los exguerrilleros es haciendo presencia activa en su defensa del proceso, y no dándolo por fracasado.

​Es cierto que el presidente Iván Duque y quienes lo respaldan desde el Congreso de la República quisieran introducir cambios en los acuerdos, pero también es verdad que el mandatario se comprometió a no hacerlos trizas y continuar adelante. Bajo ese marco, todos los exlíderes de la guerrilla Farc deberían buscar aliados en el ejercicio político de defensa de lo acordado, en lugar de boicotear sus propios logros. Lo que tendrían que estar haciendo ahora es luchando en el Congreso para aprobar la reforma política y asegurar las 16 curules pactadas para las víctimas del conflicto.


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