Lo que deja Santos


El paso de Juan Manuel Santos por la Casa de Nariño deja para algunos una sensación negativa, pero otros lo ven muy favorable. Para aquellos que nunca compartieron que el Gobierno negociara con la guerrilla una salida pacífica al conflicto armado, en la que necesariamente ambas partes cederían, su administración fue un fracaso, un retroceso con respecto a cómo estaba el país antes del 2010, al final del gobierno de Álvaro Uribe. Para aquellos que aún creen posible la reconciliación de los colombianos sin más derramamientos de sangre y pasar, por fin y para siempre, la página de la violencia, Santos pasará a la historia como un gran presidente, merecedor del Premio Nobel que le dio la Academia noruega.
Sin duda que el mandatario saliente tuvo equivocaciones y que en diversos momentos su gestión se vio opacada, como cuando expresó que "el tal paro no existe", y otras salidas en falso de las cuales no está libre nadie, pero que le pesan tanto a quien ocupa un cargo de alta responsabilidad. A pesar de eso, en el balance pesa más lo positivo.
De hecho, su actitud de jugarse todo su capital político, sin prestar atención a la popularidad con tal de alcanzar el fin del conflicto con las Farc habla de sus pocas pretensiones de sacar provecho personal, para enfocarse en el bien del país en el largo plazo. Que el Hospital Militar haya recibido este año 23 heridos y no los cientos que llegaban hace una década tiene que ser un logro significativo para quienes apreciamos el valor de la vida. Esto sin contar las decenas de soldados y policías muertos de antes, comparados con casi ninguno de hoy.
A veces es difícil observar desde Colombia la magnitud de esta tarea, pero la Comunidad Internacional sí tiene clara la importancia de estos avances por la paz en el país, y por eso desde afuera se le reconoce como un gran líder. Eso permitió, por ejemplo, que hoy los colombianos no tengamos la exigencia de visa para ir a la Unión Europea y en total a 69 países del mundo, cuando antes éramos mirados con total desconfianza. También la llegada de turistas internacionales se disparó, casi triplicando hoy las cifras que se tenían en el 2010.
En la economía, pese a los baches surgidos de los paros de camioneros y cafeteros, de los estragos de La Niña y El Niño, y de la vertiginosa caída de los precios del petróleo en el 2014, el balance no es malo. El empleo no solo avanzó en formalización, sino que el desempleo estuvo en un dígito en los últimos cuatro años, algo inusitado en por lo menos dos décadas; tras algunos altibajos en la inflación, este año terminará en 3,3%, aproximadamente (muy cerca de la meta del Banco de la República); la tasa de interés interbancaria del 4,25% es bastante competitiva; la producción de café fue recuperada hasta superar los 14 millones de sacos en los últimos tres años, cifra que no se veía desde hacía mucho tiempo; y las exportaciones pasan por su mejor momento, con $58,3 billones de enero a mayo del 2018.
La pobreza también tuvo una reducción significativa durante su gobierno. La pobreza monetaria bajó del 37,2% al 26,9% del 2010 al 2017, y en los niveles de indigencia hubo una reducción del 12,3% al 7,4% en el mismo periodo; falta mucho por hacer, pero este es un gran avance. Adicionalmente, las históricas inversiones de unos $45 billones en grandes obras de infraestructura fueron una verdadera revolución que tendrá impacto muy positivo en la competitividad del país. 

Ojalá que el nuevo presidente, Iván Duque, tenga menos opositores intransigentes y pueda gobernar: En esto hay que valorar que Santos anuncie que saldrá del gobierno sin más pretensiones que la de ser abuelo, y sin pensar en zancadillas para su sucesor. Así debería ser siempre.


Powered by