Invasiones y falta de control


La antigua vía al Alto del Guamo está nuevamente invadida. No es la primera vez que esa zona del norte de la ciudad tiene el mismo problema, que siempre termina con órdenes de desalojo por tratarse de un lugar de alto riesgo de desastre. En época de invierno son frecuentes los deslizamientos en la parte alta de la quebrada El Guamo, que sufre numerosas crecientes y avalanchas que en el pasado han dejado decenas de familias damnificadas. Hoy se cuentan en ese lugar unos 150 ranchos a orillas del riachuelo, expuestos al peligro, sin que ninguna autoridad haya tomado hasta ahora cartas en el asunto.
Lo peor es que actualmente se observan construcciones de hasta dos pisos y edificaciones dedicadas a parquear varios vehículos, lo que evidencia que los actuales invasores no llegaron hace poco tiempo, sino que llevan bastante allí. Resulta claro que, como ocurrió en el caso de Potrerillo, por ejemplo, en la vereda Kilómetro 41, no hubo ningún tipo de control desde la Administración, y en este caso específico ninguna medida para evitar que se volvieran a ocupar terrenos en los que se pone en riesgo la vida de mucha gente. 
Vecinos de barrios del sector denuncian que, inclusive, entre los invasores hay personas que en el pasado fueron beneficiarias de planes de vivienda en sectores como San Sebastián, allí cerca, lo que debería también ser investigado; quienes en teoría poseen casa propia en otro lugar no tienen justificación alguna para actuar así. Incluso, nadie tiene la más mínima justificación para tratar de apropiarse de terrenos ajenos. De hecho, ningún sustento hay para estas conductas que violentan el orden legal y que pretenden obtener beneficios particulares por encima del bien común.
La posibilidad de que haya quienes estén comerciando con lotes en esa zona también podría configurar un delito, por lo que se necesita la intervención inmediata de las autoridades judiciales. No es la primera vez que se denuncia en Manizales esta clase de transacciones, como las que se han hecho evidentes en sectores de la Ruta 30, en donde además se han ejecutado obras complejas sin los debidos trámites y licencias de construcción. Se necesita que haya una reacción administrativa y que se le ponga freno a esta clase de hechos que podrían desembocar en nuevas lamentaciones cuando llegue el invierno.
Además, la zona invadida a orilla de El Guamo está contemplada como área de protección ambiental, razón por la que no solo deberían salir de allí quienes actualmente invaden el lugar, sino ser objeto de acciones de conservación y reforestación, para devolver la estabilidad a los terrenos y lograr que la fauna y flora desplazadas puedan recuperarse. Las campañas esporádicas de limpieza del cauce no son suficientes, cuando debe solucionarse el problema de raíz, tomando en cuenta además que ninguna vida humana debe ponerse en riesgo y, por eso, es necesario adelantar acciones que lleven al fin de la invasión.

Tal vez deba pensarse en tramitar nuevos planes de vivienda social para quienes en verdad lo necesitan y buscar recursos nacionales para ello, pero mientras que estas alternativas no existan el deber ser es que la Alcaldía trabaje para mejorar los controles y evitar que sigan apareciendo invasiones en Manizales.

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