Freno a las violencias


El primer informe del Observatorio de Violencia y Paz en Manizales, que inicialmente fue divulgado en el Cisco del barrio Bosques del Norte y posteriormente, la semana pasada, en la Universidad Católica, muestra con claridad que las estadísticas de las violencias en la ciudad necesitan una mayor atención de las autoridades y de la sociedad, en general, para encontrar los caminos de las soluciones.
El monitoreo, de acuerdo con los expertos que lo ejecutan, se ocupa básicamente de dos núcleos: la violencia surgida de la intolerancia social y la que tiene orígenes criminales. Los periodos abarcados en este primer informe corresponden a los años 2016, 2017 y 2018 hasta el pasado mes de mayo, de cuyo análisis se desprende que es muy frecuente que los manizaleños acudan a la violencia física para enfrentar conflictos familiares, vecinales y barriales. Adicionalmente, este año en la capital de Caldas se han reportado seis homicidios de habitantes de la calle, lo que correspondería a un nuevo fenómeno criminal.
Además, tomando como referencia los cruentos hechos del 5 de abril pasado, cuando en la vereda La Garrucha fueron asesinadas cuatro personas, como producto de retaliaciones entre bandas dedicadas al microtráfico, el Observatorio señala que en la ciudad hacen presencia, desde hace algún tiempo, grupos armados organizados, de alta peligrosidad. Eso ha hecho que las estadísticas de homicidios que venían en franco descenso durante la última década, infortunadamente estén estancadas. 
Debemos resaltar el empeño del Observatorio por analizar en caliente una situación tan delicada, aunque es importante lograr estudios más detallados y claros que resulten útiles para tareas preventivas. El abanico de fuentes consultadas, que incluyen instituciones y entidades públicas y privadas, organizaciones sociales y comunitarias y actores académicos y grupos de investigación, le da gran sustento a sus análisis. Ojalá que haya un compromiso general para aportar ideas que permitan cerrarle el paso a las violencias; lo que debería pasar es que sectores sociales, de gobierno, gremiales y académicos trabajen de la mano en el reconocimiento del fenómeno y plantear políticas públicas para ponerle freno definitivo.
También es muy importante que desde el Observatorio se analicen no solo las violencias, sino los hechos de paz que ocurren en la ciudad, para lo cual se anuncia un primer informe en el próximo septiembre. Esto servirá para presentar más adelante el Plan de Reconciliación para Manizales. Lo que hemos ganado en bajar los índices de violencia en la región y en Colombia no puede dejarse perder, y por el contrario es imperativo fortalecerlo. 
De acuerdo con el Forensis de Medicina Legal para el 2017, en comparación con el 2016, hubo una rebaja en las muertes violencias. Hay que trabajar para que el 2018 no se salga de esa tendencia. En Colombia se pasó de 25.438 muertes violentas a 25.382, lo que representa una caída de 56 casos entre los dos años que, siendo mejora, no es suficiente. 

En Caldas ese mismo indicador el año pasado fue de 532, frente a los 545 del 2016; en lo correspondiente a homicidios las cifras en el departamento son de 17,7 por cada 100 mil habitantes, que es buena si la comparamos con lo que ocurría en la década pasada, pero mala si se toma en cuenta que para la Organización Mundial de la Salud (OMS), un indicador superior a 10 homicidios por cada 100 mil habitantes debe ser considerado epidemia.


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