El nuevo Gobierno


Ningún presidente la tiene fácil y mucho menos en Colombia, un país en el que los sobresaltos son pan de cada día. Es el periodista Jorge Cardona el que planteó en su libro Días de Memoria que todos los mandatarios llegan a la Casa de Nariño con la convicción de desarrollar el mejor programa para un país que progrese, pero que la marea de los acontecimientos les impone una agenda muy diferente que los obliga a cambiar de planes sobre la marcha y a duras penas a reaccionar frente a cada hecho que sucede.
Esto lo deberá tener en cuenta el joven presidente Iván Duque, que se dispone a asumir hoy ante el Congreso de la República. Es claro que llegó a este cargo por un apoyo de las mayorías que lo eligieron, pero deberá tener presente desde el primer momento, que será el mandatario de todos los colombianos, tanto de quienes gustan de él como de quienes desconfían de lo que pueda hacer. Manejar la situación con inteligencia deberá ser su actitud cada día, entender que las minorías jugarán un papel clave y que muchas de estas buscarán la manera de bloquear algunas iniciativas suyas, porque no las consideran legítimas.
El país polarizado que recibirá el nuevo mandatario es resultado en parte de la lucha política de los últimos años, enarbolada en buena medida por quien hoy lo lleva al poder, el investigado expresidente y senador Álvaro Uribe Vélez. Por este motivo, Duque también deberá dar muestras desde el principio de don de mando y, si bien se espera que escuche a quienes escogió para que lo acompañen en sus funciones, será necesario que desde un comienzo gobierne con su criterio, deje claro que él toma las decisiones y que lo haga con el mismo talante demócrata que mostró durante su campaña, lo que le valió buena parte de los votos indecisos que al final lo prefirieron.
Se espera también de la fuerza que perdió las elecciones, encabezada por el senador Gustavo Petro, que dé el compás de espera mínimo para que el nuevo Gobierno pueda dar marcha a su programa y no que se haga una oposición irreflexiva y con el simple ánimo de desprestigiar o torpedear. Claro que tienen derecho a no estar de acuerdo con algunas políticas o decisiones, pero sería bueno que las expresiones para no acompañar tales iniciativas se asuman de manera democrática y con cabeza fría y no solo por la pasión de oponerse. Habrá seguramente crispación social, pero ojalá esta se haga dentro de los cánones de la tolerancia y el respeto.
Los retos en materia económica, en los procesos de paz, en los temas de justicia y frente a la corrupción, así como en la atención en salud, educación y protección de líderes sociales son inmensos para el nuevo Gobierno y por eso se espera que los asuma con toda la responsabilidad que se requiere para afrontarlos y con la mayor prontitud, para dar de una vez signos de que materias tan delicadas se asumen de manera responsable y se puedan mejorar los indicadores para todos los colombianos, como se ha logrado en los últimos años.

Deseamos, pues, que el nuevo Gobierno inicie su mandato con pie derecho, con mucha sabiduría y con total convicción de llevar al país por el mejor camino, para lo cual esperamos que se parta siempre de la base del respeto, del diálogo democrático y con decisiones que convengan a la mayoría de colombianos, principalmente a los más necesitados.


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