El estatuto de la oposición


Son muchas personas las que consideran que para hacer oposición a un Gobierno o para oponerse a algo, nada mejor que la anarquía. Para estos ciudadanos, dictar unas reglas de juego sobre las cuales se pueda generar controversia frente a las decisiones del establecimiento es perder posibilidades para hacer lo que mejor saben hacer. Por el contrario, creemos que el hecho de que se establezcan normas como el Estatuto de la Oposición favorece la acción política de las minorías, las visibiliza, les da herramientas legales para actuar y las saca de ese limbo en el que se ven tantas veces envueltas organizaciones que generan oposición, por falta de unas reglas de juego claras.
El presidente, Juan Manuel Santos, sancionó ayer la ley que abre las puertas para una oposición reglada en el país y con dientes. Entre las ventajas que tiene esta norma se encuentran la posibilidad de que quienes se declaren contrarios a los gobernantes puedan ejercer su derecho a oponerse sin ser estigmatizados, sin ser señalados y con garantías plenas para hacerlo. Es un paso hacia la modernización de las ideas políticas y para solidificar los partidos y movimientos. Esto es apertura democrática y refuerza la intentona que se había hecho tímidamente en el país de respetar a las minorías.
La oposición debe ser declarada y eso es importante, para que tanto líder ambiguo que enarbola unas banderas públicas, pero hace pactos en contrario a punta de manzanillismo por el otro, deje de una vez por todas de jugar con los ciudadanos y ser consciente de que si asume un liderazgo que lo ejerza con ahínco. En este aspecto es clave advertir que ahora que se vislumbra que el próximo Gobierno tendrá una oposición fortalecida, no había mejor momento para ponerla a andar, porque esta misma se encargará de hacer respetar el estatuto.
En momentos de zozobra para los líderes sociales, ante la arremetida de los violentos contra ellos, que dejan ya muerte por el territorio nacional, en buenahora llegan acciones como esta que le reconoce a la oposición la financiación y el acceso a medios del Estado, así como seguridad política, jurídica y personal, y participación en mesas directivas de corporaciones públicas y en la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. Porque buena parte del no entender el papel de quienes piensan distinto corre por cuenta de la falta de cultura política en nuestro país. Para lograr el objetivo, es necesario que el Gobierno se tome en serio esta norma y se pase del dicho al hecho, para que no suceda como con tantas normas, que se han quedado en el mero enunciado.

Resulta clave, además, que expresamente el estatuto hable de quienes ejercen la oposición en los niveles departamental y local, no solo una protección para quienes lo hacen en el entorno nacional, para que después no sean maltratados. Otro aporte positivo es que abre la puerta a otros sectores independientes que no están en oposición radical ni con el Gobierno. Y esto resulta muy valioso, pues en un país lleno de matices, será clave también que esos matices se reflejen en la vida pública y política. Esperemos que se ponga a andar para que podamos contar buenas noticias sobre la cultura política en nuestro país.


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