A cuidar el patrimonio ambiental


El Parque Nacional Natural Serranía de Chiribiquete, en la Amazonía colombiana, descubierto hace apenas unos 35 años, acaba de ser declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad. También fue ampliado por el Gobierno Nacional a 4 millones 268 mil 95 hectáreas de extensión, un área equivalente a casi seis veces el departamento de Caldas. Se convierte así en el área protegida más grande de Colombia, y la de mayores proporciones en toda la Amazonía. 
Oficialmente existe como parque natural desde 1989 y se sabe que allí hay 708 especies de plantas únicas en el mundo, 216 especies de peces, 30 de mamíferos y 7 especies de primates. Se descubrieron allí, así mismo, pinturas rupestres que datan de hace unos 20 mil años. Además de la serranía el lugar está conformado por sabanas estacionales tropicales y el bosque de galería tropical. Se calcula que en este lugar del sur de Colombia se capturan unos 454 millones de toneladas de carbono únicamente en biomasa aérea y el 31% del agua superficial de la Amazonía.
Lograr la ampliación del parque y que ahora una organización internacional como la Unesco lo considere Patrimonio de la Humanidad es un paso de enorme importancia, como también será enorme el desafío de proteger esta amplia reserva, en medio de la amenaza de la deforestación que afronta el país en departamentos como Caquetá y Guaviare, donde este fenómeno ilegal se ha venido expandiendo con mayor rapidez desde que las Farc salieron de esos territorios. También son amenazas los cultivos ilícitos y la minería que practican mafias sin ningún reparo frente a la riqueza ambiental. 
Los pocos pobladores que desde épocas remotas o desde hace, por lo menos, décadas, habitan en el parque son los llamados a trabajar de la mano con las autoridades para evitar que un patrimonio tan importante pueda verse afectado en el futuro. Se tienen identificados seis pueblos indígenas que viven allí en aislamiento voluntario que, en sí mismos, corresponden a un patrimonio cultural que debe ser protegido, y para lo cual el Gobierno Nacional debe trazar programas que ayuden a garantizar su supervivencia. En este sentido, es importante mantener las prohibiciones en cuanto a las actividades turísticas, evangélicas o científicas; pero más que nada hay que tener los mecanismos para garantizar que esto se cumpla.
Lo complicado de estos retos es que, de acuerdo con el Ideam, el año pasado se duplicó la deforestación en los alrededores de Chiribiquete. De hecho, Colombia perdió cerca de 220 mil hectáreas de bosque en el 2017 (equivalente a una cuarta parte del departamento de Caldas), y está identificado que el 47% de la deforestación está concentrada en ocho municipios amazónicos, limítrofes con el parque natural: San Vicente del Caguán, Solano, Cartagena del Chairá (Caquetá), San José del Guaviare, Calamar y Miraflores (Guaviare). En estas zonas es donde más se expanden los cultivos de coca, que no paran de crecer en el país.

En este mismo sentido es importante que el país haya establecido su frontera agrícola, con un total de 40 millones de hectáreas, suficientes para establecer un agro fuerte. Eso debería detener la presión hacia los parques naturales nacionales, pero las decisiones deben ir de la mano de políticas que incentiven una actividad agraria rentable para los cultivadores, a la par con incentivos económicos para aquellos propietarios que protejan de manera real el medioambiente. El reciente informe acerca de Crecimiento Verde Sostenible da luces acerca de cómo avanzar por este camino sin poner en riesgo la riqueza ambiental y la biodiversidad que nos enorgullece a los colombianos. La protección del patrimonio ambiental es hoy más importante que nunca.

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