Contra la incertidumbre, claridad


Unas 113 mil personas en riesgo, pérdidas millonarias por la falla presentada y por la atención de las contingencias sobrevinientes y la pérdida de confianza en una empresa que hasta hace muy poco calificaba entre las de mejor aceptación entre los colombianos son razones suficientes para que la opinión pública exija a Empresas Públicas de Medellín (EPM) mayor claridad sobre la situación que se presenta en la obra de construcción de Hidroituango, proyecto en que se tenía puesta la fe para evitar futuros apagones en Colombia y porque generaría nuevos recursos a esta entidad pública.

Los reclamos de los gobernadores de Córdoba, Sucre y Bolívar, así como del propio mandatario antioqueño, Luis Pérez Gutiérrez, porque temen que la información no ha sido clara ponen de manifiesto que los bandazos han sido inmensos en las comunicaciones y que las personas que están en riesgo por un posible deslave o por amenaza de rompimiento de la presa necesitan sinceridad. Estar evacuando casas y poblados enteros cada tanto, luego de que se habían dado partes de claridad, hacen necesario que EPM hable con mayor franqueza.

Ante semejante crisis, es preocupante ver al alcalde de Medellín, presidente de la junta de EPM, y al gobernador de Antioquia, socio principal de Hidroituango, descalificarse y reclamarse a través de los medios de comunicación. Lo mínimo que se espera es un protocolo claro de manejo de estas situaciones, para que a la gravedad de la emergencia no le sumen contradicciones internas en su manejo, ventiladas de manera pública.

Por supuesto, que primero está la vida de estas personas y en caso de riesgo se deben proteger, pero lo que llama la atención es que sigan los movimientos de masa de la montaña, que no se tenga un diagnóstico claro sobre lo que podría pasar en todas las poblaciones ribereñas, sobre cómo se responderá a esas personas que están hoy desplazadas de sus lugares de trabajo, sin poder producir. Aquí no es solo asunto de salvar sus vidas, es también de garantizarles el sustento, al que tienen derecho, porque la amenaza es claramente provocada por la situación causada por la megaobra.

La solidaridad de cuerpo que tantas veces se ha exaltado de los antioqueños, el sentido de pertenencia que sienten por su territorio y el orgullo por una entidad como EPM no puede llevar a que se le reste importancia a lo que sucede con Hidroituango, pues están en riesgo vidas humanas, de miles de colombianos que solo tienen incertidumbre. Este desastre que tiene en vilo a tantas familias debía ser noticia desde el pasado viernes porque empezaba el llenado de la presa, si los tiempos se hubieran cumplido, pero hoy las noticias no son halagüeñas.

Confiamos en que no se escatimen recursos para superar la emergencia, que se pueda estabilizar la situación por el bien de las personas hoy afectadas y amenazadas y que sirva el precedente para que se entienda que por muy técnicas que sean las proyecciones a las comunidades que pueden resultar afectadas no se les puede dejar de lado. Fueron muchas las organizaciones de la sociedad civil las que advirtieron de lo que hoy está pasando, pero fueron desestimadas por la soberbia del conocimiento.

 

Así como es irresponsable atender a los cuestionamientos de las personas del común en temas técnicos, es igualmente dañino no querer escuchar las advertencias de la comunidad. Hacer una presa en el río Cauca era un tema nada fácil y eso se demuestra hoy. Que se supere pronto la situación es el deseo de todos, pero que esto nos deje lecciones aprendidas, entre estas la del mejor manejo de la información, lo que ha fallado ostensiblemente.

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