Complicaciones para la paz


"La construcción de la paz exige un camino guiado por la imaginación del riesgo", nos dice el tratadista John Paul Lederach en su ya clásico libro La imaginación moral - El arte y el alma de construir la paz. Se refiere este pensador, que conoce bastante bien el caso colombiano, a que en ocasiones las sociedades se acostumbran tanto a vivir en conflicto, que les cuesta encontrar las vías para una sociedad que lo supere. Es lo que viene sucediendo en nuestro país desde que pasó lo impensable: que el No podía ganar en un plebiscito, tal como sucedió. Esto obligó a un ajuste a lo acordado entre el Gobierno Santos y las Farc.
Ese es parte del problema que entraña lo que está sucediendo, que no hemos logrado recoger como país lo que debió ser un acuerdo de Estado, sino que han salido muchos intereses políticos a su alrededor. Claro que no es un acuerdo perfecto, eso se sabía, pero es el más legítimamente logrado, pues quienes se sentaron a negociar lo hicieron en búsqueda de lograr lo mejor posible, para cada lado. No obstante, hoy, después de poco más de dos años de la firma definitiva, siguen presentándose objeciones a lo acordado, a lo decidido por el Congreso en leyes estatutarias y a lo ratificado por la Corte Constitucional en fallos de exequibilidad.
Las objeciones hechas por el presidente, Iván Duque, a la Ley Estatutaria de la Justicia Especial para la Paz (JEP) parecen una actitud desafiante con lo logrado hasta ahora. Claro que puede haber reservas con algunos puntos, pero debe entender el mandatario que en varios de ellos fue el juez constitucional el que definió cómo debía quedar el asunto. Ahora le corresponderá al Congreso decidir este tema y seguramente no será tarea fácil. La actitud del uribismo de demostrar que es capaz de ponerles obstáculos a los acuerdos puede terminar muy mal en la imagen del país, que suena a irrespetuoso de lo ya convenido, para lo que la comunidad internacional sirvió como garante.
Nadie dijo que sería fácil ejecutar los acuerdos de paz, pero estos están en riesgo y no solo por acciones como esta, en la que con seis objeciones en 159 artículos se pretende darle vuelta de tuerca a lo aprobado, sino que todo conduce a que haya más alargamientos, a que se reabran discusiones saldadas y las dará un Congreso que no participó de la discusión original, lo cual puede generar malinterpretaciones. Para acabar de completar, esto sucederá al tiempo que pasan por Senado y Cámara proyectos tan importantes como el Plan de Desarrollo, lo cual hará que a alguno se le robe tiempo. Otra manera de frenar los acuerdos es no entregando el presupuesto necesario para cumplir, como ya se han quejado beneficiarios de programas.

Importante el mensaje enviado por la JEP en el sentido de que seguirá adelante, independiente de lo que suceda con los seis artículos objetados por la Presidencia, pues es lo que corresponde con el fin de mantener una línea de seguridad jurídica hasta donde sea posible. Es fundamental que el Congreso asuma esta responsabilidad con todo lo que ella entraña, pues un país que se compromete a resolver por la vía de las negociaciones un conflicto de más de medio siglo debe darle una oportunidad a la paz. Ahora bien, para esto se necesita imaginación de la sociedad y por lo visto hasta ahora, parece que nos está faltando.

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