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El carpintero no dijo ni mu


Llegan a la pajarera a desayunar con plátano o su carnal el banano, y sus colegas pájaros se retiran a sus habitaciones entre el viento. Con razón, porque en su ADN llevan el terror que les produce ese pico que alejó a sus antepasados.
Saben de segunda mano que de ese pico que horada árboles al ritmo del toc toc toc, monótona modalidad de reguetón, es mejor mantenerse alejados.
A manera de indemnización, el pájaro carpintero les sirve de atracción gratuita pues se dedica a alimentarse desde una posición nada convencional. Encarna el circo del sol entre las aves. Desde siempre convirtieron la forma de comer en otra de las bellas artes.
Se retiran del banquete cuando les da la reverenda gana. Comen hasta quedar con ganas, siguiendo la receta de los antiguos. O de los dietistas de la prepagada.
Muchas veces van hacer la digestión en árboles del vecindario y regresan para incomodidad y desencanto de ciriríes, mayos, azulejos o verdulejos. Saben que el que manda, manda, aunque mande mal.
El único que se atreve a cuestionar su liderazgo es el cucarachero cuando levanta críos en su nido. Pero el carpintero le niega el estatus de rival y sigue despachando su madrugadora dieta. Prefiere escoger enemigos de más envergadura que cuestionen sus certezas.
Hace semanas el carpintero que nos mejoraba el currículo se esfumó. A lo mejor fue seducido por alguna exótica carpintera de mirada lánguida que lo llevó al altar. Y al nido donde hacen carpinteritos.
De las tres especies que reporta la Sociedad Antioqueña de Ornitología, SAO, compartimos con el carpintero de los robles. Nos ignoran el carpintero cariblanco y el exótico real.
Ninguno figura en el listado de aves en extinción del Valle de Aburrá. La SAO pide cerrar filas para evitar que desaparezcan especies como el águila arpía.
También peligran la amazilia ventricastaña, el turpial real, el colibrí cienaguero, el tiranuelo antioqueño, el hormiguero pico de hacha, el torito capiblanco, el pinzón alidorado, el cucarachero de Nicéforo y el chavito de páramo.
Los dibujos que aparecen en el almanaque SAO 2019 son creación de Alejandro Henao H. El sabio Mutis lo habría reclutado para su causa.
Sin el carpintero en las mañanas, el paisaje es triste, monótono. Los invitamos a volver, volver, volver, como las golondrinas de mi pariente Bécquer que silenció el Domínguez y nos dejó mirando pa’l páramo.
No hay muchos de nuestro apellido haciendo versos. Excluyo a Hernando Domínguez Camargo (1606-1669), el jesuita bogotano que a lo mejor no conoció los carpinteros pues no les gastó poemas.
Otros colegas suyos llenaron el vacío. “El golpe el eco de un hachazo toma” (Bórquez Solar); “Galopa, galopa, para mí tu garlopa” (Asturias); "Sólo él monda la carcoma con su vibrante escoplo” (Lugones).
Pareceros carpinteros, se les aprecia, añora, admira y espera.

 


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