opinión |

“Siquiera se murieron los abuelos”


La estética de la ciudad, hoy por hoy, oscila entre obras de excelente calidad como el parque de Niza actualmente en construcción, o el monumento a la “Ciudad de las Puertas Abiertas” localizado en el acceso occidental de Manizales, que raya lastimosamente en el ridículo; la lista de lo desafortunado es bastante larga y creciente.
Los manizaleños de antaño que entendían bien el significado y la responsabilidad de tener una ciudad de calidad en el concierto mundial, construyeron edificios públicos y privados, parques y alamedas con diseños de arquitectos reconocidos en el viejo continente, adquirieron la estatua de Simón Bolívar que estuvo en la plaza del mismo nombre realizada por Pietro Tenerani, maestro italiano de importancia universal, trajeron jardineros chinos para ornar los parques, y erigieron una catedral con planos de un concurso arquitectónico realizado en París en los años veinte, para desafiar el futuro y situar la ciudad en los mapas del mundo.
No me gusta la poesía de Jorge Robledo Ortiz porque literariamente me parece “relamida”, pero principalmente por el sesgo moralista que se desprende de sus rimas, sin embargo al pensar este artículo me acordé de aquella titulada “Siquiera se murieron los abuelos”, que me viene como anillo al dedo; es un “justificado” lamento producido por, según él, la pérdida de valores del pueblo antioqueño en el que además da gracias a Dios por el hecho de que sus antepasados no hayan presenciado el derrumbe moral en que cayeron sus descendientes.
Muchos de los edificios públicos han sido demolidos para dar paso al “progreso”, la mayoría de los parques que se han desfigurado o convertido en intersecciones viales, el Bolívar deambuló por distintas oficinas administrativas hasta que en hora buena fue localizado aunque tímidamente, en la plazoleta de la Alcaldía, los jardines, los de ahora, mueren por el mal manejo o por la vergüenza de sus diseños pueriles, y la Catedral fue iluminada como un Night Club de sospechosa categoría.
E igual que en la tumba de Napoleón Bonaparte que está ubicada de tal manera que los visitantes al entrar a los Inválidos en París deban agachar la cabeza y honrar la memoria del emperador de Francia, el “monumento” a la ciudad de las puertas abiertas está antecedido de sendos policías acostados para que los automovilistas se obliguen a mermar la velocidad y rindan tributo a aquella “maravilla” del arte plástico local.  
Eso de manejar y concebir la estética de una ciudad debe ser consecuente con su Visión futura, con las directrices trazadas en el Plan de Ordenamiento Territorial y el Plan de Desarrollo con todos sus contenidos de competitividad, de Campus Universitario, de su vocación económica y social que han surgido de los diferentes diagnósticos y consultas ciudadanas. Pero dejarla al arbitrio de quien sabe quién, es bastante nocivo, porque le resta poder a la imagen, convirtiéndola en una pobre anécdota que en nada contribuye al emprendimiento y la innovación que deben ser en el mundo global, los motores de la sociedad, incluso, y esto es lo peligroso, hace de ella una retardataria manera de entender el progreso.
Es necesario entonces, a mi juicio, nombrar un curador lo suficientemente idóneo y expedito en temas de arte urbano para que garantice un manejo de la ciudad acorde con la visión de futuro que hemos venido construyendo para Manizales.


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