opinión |

¡Qué mujer por Dios!


Que en Manizales y en Colombia se tenga mayor referencia de Luz Marina Zuluaga que de Julia Blanca Isaza Londoño, mejor conocida por su nombre de casada como Blanca Isaza de Jaramillo Meza, se explica por la sempiterna tendencia de las personas hacia la vanidad más que hacia la intelectualidad. Hace 120 años (6 de enero de 1898) y a punto de estallar la guerra de los 1.000 días, nació en Abejorral, Doña Blanca, hija de Félix Antonio y María Carmen Rosa, que traída de brazos a Manizales, llegó para quedarse y de qué manera. 
Esposa del ilustre poeta Juan Bautista Jaramillo Meza, fue honrosa madre de trece hijos, que no fueron impedimento para codearse de “tú a tú” con personajes políticos como Gilberto Alzate y Jorge Eliécer Gaitán. Aunque su gran desarrollo intelectual se dio como poeta, cronista y escritora de cuentos, también se le recuerda muy especialmente por ser la autora de la famosa revista Manizales.
Considerada como una de las más grandes poetas colombianas, hizo parte de la generación de las poetas latinoamericanas junto con Gabriela Mistral y Juana de Ibarbourou, con quienes sostenía estrechas relaciones y cuyas cartas, según cuentan, reposan en los archivos de la Biblioteca de la Universidad de Caldas. Que todo este potencial se hubiera dado en una época donde la mujer era legalmente incapaz, sin voto y sin propiedad, hacen más meritorio el rescate de su pensamiento y obra.
En tal sentido, resulta justo y oportuno que la tercera versión de la Cátedra de Historia Regional de Manizales y Caldas, que comienza el próximo 14 de agosto en la sede Palogrande de la U de Caldas, se haga en homenaje a la insigne “mujer múltiple” como la llamó Nicolás Duque Buitrago. Y en torno de estos diálogos, y a través de unas 16 sesiones, se abordarán otros temas que buscan contribuir al fortalecimiento, formación y desarrollo de una conciencia histórica y ciudadana desde y hacia lo local, como por ejemplo: la historia de la educación en Caldas; los Gobernadores militares de Caldas; los 75 años de la Universidad de Caldas; los 70 años de la Universidad Nacional sede Manizales; los 50 años del Festival Latinoamericano de Teatro; los 70 años del fútbol profesional en Manizales; los 80 años de la muerte de Eudoro Galarza; la historia de la medicina en el Eje Cafetero; la evolución de los combustibles domésticos y la visita al municipio de Samaná.
Pero no todo resulta a pedir de boca, pues la sesión programada en el mes de octubre para hablar sobre los hombres del café, iba a estar a cargo precisamente del recientemente fallecido Emilio Echeverri Mejía, nombre en el que coincidían sus amigos Gabriel Cadena, Albeiro Valencia y Alfonso Ángel. Y quién si no él, conocía como ninguno el pensamiento de “Mr Coffee” como le decían a Manuel Mejía Jaramillo, y quien fue considerado por la crítica como la mayor autoridad mundial en materia de café. De eso se trata la cátedra de Historia Regional de Manizales y Caldas, de conocer, reflexionar y mirar con sentido crítico si las generaciones actuales han podido ser cesionarias o continuadoras de un liderazgo genuino, casi fantástico, cívico y transformador, similar o mejor al de estos ilustres personajes. Justo ocho días antes de su partida, tuve la oportunidad de hablar con Emilio Echeverri, quien complacido me contaba sobre el diálogo que tendríamos sobre el café, y, claro, sobre la intervención quirúrgica a que sería sometido. Pero como diría Manuel Mejía, pero el Vallejo, autor de la Casa de las dos Palmas, “uno se muere cuando lo olvidan”.


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