opinión |

Descuartizando la JEP


Los pueblos alzados en armas jamás alcanzarán la prosperidad. (Nelson Mandela).

En un pulso político, con el que demuestran la fuerza aplanadora con la que actúan los congresistas del CD, con el senador Álvaro Uribe Vélez a la cabeza, le cambiaron contra lo evidente y constitucional, puntos fundamentales a la JEP.

Esta ley aprobada es la antítesis de lo que tenía como fundamento la que aprobó el Congreso y con la que venía funcionando, en el difícil proceso de comenzar a edificar la paz en Colombia. Una paz esquiva, despreciada, que parece no importarle a muchos, aunque con hipocresía digan que sí, que quieren mejorarla, porque no quieren impunidad. Si eso fuera cierto, pocos de los congresistas que ocupan ese recinto estarían allí.

Pero no es así, es simplemente el pulso entre una bancada guerrerista, que se beneficia con el estado de violencia permanente en que vivimos y que tanto mal no ha hecho. Eso no les importa. Ninguno de ellos va a ir al frente de batalla, no usará camuflado, ni cargará morral y arma para enfrentar esta demencial guerra que tenemos en Colombia desde que tenemos uso de razón. El problema es que muchos de los que la viven desde ese tiempo, no la han estrenado todavía, y aunque adquirieron niños su uso, se caracterizan por no usarla, por ser lo contrario a lo que dictan la razón y la cordura, en un país, en el que la vida vale nada y la muerte vale menos.

Que se objeten las extradiciones, quitándole la posibilidad a los honorables magistrados de emitir juicios, ni pronunciarse de fondo sobre los sindicados, es no solo una aberración jurídica solo dable en este platanal, sino que es desconocer el valor que tienen dichos magistrados, que no fueron escogidos, suponemos, por ser principiantes, ni por desconocer las leyes o hacer juicios ligeros, lo que de paso le asesta un golpe mortal a nuestra Rama Judicial, con todos sus componentes, y a sus actores, que se supone están allí escogidos en representación de un Estado, que dice ser social sin serlo, que se ufana de ser de derecho, cuando está demostrado que es muy torcido.

Los magistrados solo podrán “acogerse a los hechos conocidos públicamente”, lo que significa que solo podrán saber lo que sepa todo el mundo. Un absurdo jurídico, una politización de los acuerdos que destruye los andamiajes de lo que sería el pilar fundamental de esa paz que tanto anhelamos, pero que les produce escozor a otros, porque los que ponen los muertos en los “juegos” de la guerra no son ellos, ni sus familiares, que podrán ver cómodamente desde sus poltronas, acompañados de sus familias, lo que suceda a los soldados y campesinos que están en esta guerra injusta obligados a cargar con el peso de sus dotaciones, destinados a enfrentar a diario la muerte en una guerra estéril, que solo ha dejado desolación, terror y desplazados o desaparecidos por todos los rincones de la Patria.

El segundo cambio que se introdujo por iniciativa de la nieta de un presidente que respondió al clamor de unos campesinos bombardeándolos en Marquetalia, dando origen a la época de terror que vivimos el campesino de Génova, Quindío, convertido en un guerrillero, por cuenta de la demencial acción de quien regía los destinos de Colombia. Y ese cambio, tiene todas las características de la aberración jurídica, a la que están sometidas nuestras fuerzas armadas, cuyos militares estarán supeditados a “un procedimiento preferencial y diferenciado, a sabiendas que eso congela sus procesos, dejándolos en el limbo jurídico 18 meses, mientras los “congresistas pensantes” definen cómo será el proceso de juzgamiento.

Eso es quitarle a los militares que se acogieron al proceso garantías adquiridas y prolongarles sin definición su suerte, sin que puedan de una vez resolver, el qué, el cómo, el dónde y el por cuánto tiempo serán juzgados, y cuales serán sus seguridades. Un golpe bajo a los militares que se acogieron al proceso. Pero los golpes bajos no son importantes para los políticos, tan acostumbrados a moverse por los rastrojos y los pantanales de basura que hacen parte de un buen porcentaje de nuestras instituciones políticas.

Esperemos que la Corte Constitucional, con magistrados formados en altos niveles del Derecho, decidan manteniendo el fiel de la balanza, sin dar luz a lo que se pretende cambiar ahora, una aberración groseramente anticonstitucional.

La paz no puede mantenerse por la fuerza. Solamente puede alcanzarse por medio del entendimiento. (Albert Einstein).

 

 

 


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