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James: ¿Otra vez?


 

Esteban Jaramillo Osorio

LA PATRIA | BOGOTÁ

 

Confieso que celebré con alborozo el paso de James Rodríguez al Bayern Múnich. Se liberaba con ello del yugo del Real Madrid, de su entorno farandulero y sus roces frecuentes con el técnico Zidane. Lo vi, en los primeros meses en Alemania, auténtico, útil al esquema, influyente en el juego y los resultados.

Aceptó de entrada otros liderazgos y otros protagonismos y se sometió a Heynckes, el entrenador de turno, con disciplina de soldado. Poca noche, limitada exposición, para un renovado futbolista, genuino en su rendimiento y en su aporte colectivo.

Desde el principio respetó funciones y demarcaciones y acudió al sacrificio como argumento adicional. Fueron frecuentes sus centros-rosca, sus pases finos, su visión de gol con su instrumento preferido, el balón. Entusiasmaba la camaradería con sus compañeros que valoraban su presencia como una solución y no un problema.

Pero, como en el Madrid, cuando se creía curado de nostalgias, fue perdiendo notoriedad. Pocas veces titular indiscutido, porque el reparto de figuras en la Bundesliga tiene alta la valoración. Se convirtió en sustituto de lujo, manipulado por el entrenador que se derrite en el elogio, pero poco confía en él, en confuso doble discurso.

Y llegó la rebelión. Tan común en James. De nuevo los desbordes emocionales, sus reclamos irónicos en lugares poco indicados. No fue largo el idilio con su técnico, lo que deteriora su tranquilidad y demuestra que sus compromisos con los clubes son a corto plazo. El James en conflicto con sus jefes ha reaparecido.

Es tiempo de aterrizar. De ser el dueño de un plaza en el equipo, a pulso, con juego, sin rabietas de niño ofendido. De nuevo, entre sus seguidores, el clamor por el James de élite. El James que la gente ama, el artista con el cuero, en el campo, elogiado por todos. El James futbolista que con frecuencia desplaza el James explosivo.

 

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