opinión |

¡Bienvenidos al pasado!


Ese debió ser el titular político de la semana pasada en Caldas. Con un día de diferencia, se designó a Ómar Yepes como presidente nacional del Partido Conservador y se oficializó la candidatura de Luis Guillermo Giraldo a la Gobernación.

Los anuncios significan un retorno al pasado, porque Yepes y Giraldo, padres junto a Renán Barco de la siniestra coalición barcoyepista, hacen parte de esa vieja política que muchos queremos dejar atrás.

A esta coalición le debemos que a Caldas haya llegado primero el clientelismo que la democracia. Giraldo, Barco y Yepes son responsables en partes iguales de haber impuesto una forma de hacer política basada en la promesa de puestos, la compraventa de votos, los tamales y las mentiras. Mientras ellos se repartieron el 33% de los empleos y contratos públicos, la mayoría de caldenses no pudieron mejorar su vida y no vieron garantizados sus derechos porque precisamente el clientelismo se nutre de la pobreza y de la desigualdad.

En una conferencia que orientó en la Cátedra de Historia Regional hace algunos años, Luis Guillermo reconoció, entre otras cosas, que él había sido clientelista y que “las elecciones siempre se han ganado con dinero”. También dijo que creía que la tradición política manizaleña se debía a que las poblaciones de clima frío tendían a ser conservadoras. Quizás por eso eligió un eslogan de campaña ultraconservador, copiado del de Donald Trump en su carrera a la Presidencia de Estados Unidos: Caldas, otra vez grande.

Igual de conservador se mantiene Ómar Yepes. Darle un vistazo a su cuenta de Twitter es abrir una ventana al pasado. Yepes denigra de las movilizaciones y los movimientos sociales, rechaza la paz porque supuestamente las mayorías lo hicieron y no pierde oportunidad para pedir que quienes no opinan como él, sean reprendidos. Su solicitud de un “llamado de atención” a Alejandro Samper por su columna A tenerse fino, no tuvo mayor eco ya que la solicitud de censura fue desestimada inmediatamente por LA PATRIA, pero demuestra su talante para abordar las diferencias políticas con los demás. Si de algo se nutrió el Frente Nacional y la coalición barcoyepista, fue precisamente de ese peligroso sectarismo que busca negar la participación de los que piensan diferente.

El retorno activo de los excaciques se da en un momento en que los ciudadanos anhelan y avizoran cambios políticos importantes en Caldas y Manizales. Esos cambios, que empezaron hace algunos años con el incremento de la participación social y electoral libre, pasan también por castigar a los jefes políticos sucesores de Yepes y Giraldo porque contrario a distanciarse de su estilo, han practicado la misma repartija del patrimonio público durante las últimas décadas.

Luis Guillermo manifestó en la mencionada conferencia que hacía parte de la escuela que creía que la historia la hacen los grandes hombres y no los pueblos. Este año el pueblo caldense tiene una gran oportunidad de escribir una historia alejada del clientelismo y la corrupción. Volver al pasado no es una opción.

 

 

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