opinión |

El rey y el peón en la misma caja


Es bueno visitar cementerios por varias razones. Una de ellas para comprobar que, como dice la frase popular “no somos nada”. Dicho de manera más elegante: “sic transit gloria mundi” -así pasa la gloria del mundo-. Y no nos llevaremos nada, más bien otros se llevarán todo y con mucha seguridad pelearán por lo que hemos dejado, poco o mucho, y la lucha comenzará seguramente desde el cementerio. Cuánta verdad encierra el dicho popular: el llanto del heredero es risa disfrazada. Y morimos todos desde los reyes y pontífices hasta los llamados de manera tan horrible, desechables de la calle. Todos. Y se cumple la hermosa y sabia frase que he visto escrita en una tumba del cementerio de Tulcán: “Al final de la partida, el rey y el peón vuelven a la misma caja”. Algunas de esas cajas son pomposas y marmóreas como la de San Wenceslao, rey y mártir, que reposa en la catedral de San Vito que vamos a visitar. Otras son el tierrero y una cruz de palo de lo que llamaban, no sé si todavía lo llaman así, el muladar en la parte posterior de los cementerios, bien atrás, lejos de las tumbas de la “gente respetable”. A propósito busco en el diccionario y por ninguna parte dice que el muladar es la parte del cementerio donde entierran a los suicidas y otras personas que no tuvieron buena vida. Pero por ninguna parte encuentro ese significado. Todos los diccionarios dicen que muladar es basurero, estercolero etc. O el significado ha cambiado o a mí de niño me explicaron mal, o yo entendí mal.

Ahora sí completemos la larga lista de monumentos que hay dentro de la enorme fortaleza que es el castillo de Praga. Además de los citados en el artículo anterior existen estos otros: Castillo del Belvedere, Capilla de la Cruz, Escuela de Equitación, sala de tenis, antigua casa prebostal, capilla de Todos los Santos, Antiguo Instituto de los Nobles, Convento de San Jorge, Antiguo Palacio de los Burgraves y Torre Negra. También existen varios jardines: Jardín del Paraíso, Jardín Real y Jardín de los Baluartes. La visita de toda la fortaleza se lleva todo un día recorriendo solamente algunos museos, palacios y sobre todo la catedral de San Vito.

San Wenceslao en el año 929 fue el iniciador de lo que sería muchos años, siglos después, la fastuosa catedral. Varios reyes y muchos arquitectos son responsables de la magnífica obra. Su autor principal, -¿cómo no?- fue el rey Carlos IV. En 1871 se terminó la obra al levantar la última torre. Esta esbeltísima flecha que horada el cielo y se ve desde todos los sitios de la ciudad, mide 97 metros de altura. Visitamos la catedral. En la llamada Tumba Imperial se encuentran las estatuas yacentes de varios reyes.

En la cripta hay un monumento a los santos Cosme y Damián, dos hermanos que fueron martirizados por Diocleciano en el año 300 y que son hoy junto con San Lucas Evangelista los patronos de los médicos. La devoción a estos dos santos está muy extendida por toda Europa, igual que la de Cirilo y Metodio, que son los patronos de Europa. En la cripta de la catedral de San Vito se encuentran los sarcófagos de varios reyes de Bohemia, entre ellos los de Carlos IV, sus cuatro esposas y sus hijos. El guía que me asignaron era muy prolijo en sus explicaciones, y tomo algunos de los muchos datos que él me daba.

 

 

 


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