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La Escuela Cínica


Entre los griegos, de quienes provienen la mayoría de las doctrinas filosóficas del mundo occidental, fueron conocidos los Cínicos, nombre que en griego es equivalente a perro, y que justamente aludía a un estilo de vida en cierto sentido imprudente, pero más que nada crítico de las costumbres y el sistema de valores de su época, mucho más libres en su pensar y su actuar, más apegados a las leyes de la naturaleza que a las de la sociedad, y amantes de la verdad y la naturalidad, de alguna manera como los perros, que acogen a los propios y ladran a los extraños.
Como tal, los estudiosos de la filosofía no consideran a los Cínicos como constituyentes de una Escuela, y más bien algunos hablan de una corriente o una secta, en la que coincide una conducta más que una corriente de pensamiento.
En nuestros días, el concepto de cinismo tiene otro sentido. La Real Academia de la Lengua Española lo define como “Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”. Así, un cínico de hoy es alguien desvergonzado, que no solo puede mentir sino que además defiende su mentira y reivindica sus acciones, a través de las cuales causa afrentas y deshonras.
Es muy probable que si hoy nos pidieran pensar en una persona que encarnara el concepto de Cínico, no pensaríamos en Diógenes o en Antístenes, los griegos de aquella época, sino en Néstor Humberto Martínez, Nicolás Maduro, o cualquiera otro entre los expositores de la desvergüenza. Entre ellos, sí parece haber una escuela, porque no solo es sistemática su manera de mentir, sino además lo son sus estrategias para defender y reivindicar las acciones que de manera engañosa les resultan útiles para mantenerse en el poder. Decir que nos convertiríamos en otra Venezuela es apenas la más inocente de las mentiras recientes.
Cinismo es lo que expone la dirigencia del fútbol, para evitar develar la corrupción y los abusos a los que llevan sus ambiciones e imposiciones de poder sexual en el fútbol femenino y económico (y también sexual) en el fútbol masculino. Cinismo exhibe parte de la bancada del partido de Gobierno, cuando defiende a los despojadores de tierras, cuando sugiere segregar territorios entre indígenas y mestizos, cuando promueve el uso de armas entre civiles, cuando nombra en la cúpula de las fuerzas armadas a militares incursos en investigaciones por violación de derechos humanos.
Cinismo enseña el propio presidente de la República, cuando dice que para unir a un país hay que objetar uno de los mayores avances en el camino de la reconciliación del país, aprovechando las cortinas de humo que el mismo gobierno fabrica, manipulando la tragedia de las víctimas y polarizando, mediante los espectáculos que montan sus congresistas, para que el país, en lugar de unirse, se divida entre los que se consideran “hombres de bien” (expresión machista, como era de esperar) y los demás, que tenemos ya más de una manera de ser llamados.
No es menos cínico un excongresista que pide censura para un columnista, cuando él mismo dice que “solo hizo” lo que hace cualquier otro político. Es decir, reivindica la práctica por ser común. Definitivamente ellos sí tienen su Escuela.
Es probable que a los Cínicos de hoy, de manera premonitoria, fuera a quienes se refiriera Alcifrón desde el siglo II, cuando decía que “No tienen sentido de la vergüenza y el pudor se ha borrado de su rostro.”

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