opinión |

Altisonantes, rimbombantes, vacíos


Hoy se habla y escribe mucho sin decir nada. Luego se oye o lee mucho sin aprender nada. Predominan conversaciones sin fondo, escritos sin mensaje. 
Viéndolo bien, el vacío no es nuevo: lo practicaron con entusiasmo los grecocaldenses o grecoquimbayas. Ah bueno que escribían, aunque no se sepa todavía qué quisieron decir… si algo querían.
El lenguaje se usa cada vez más para causar efecto, sin transmitir mensajes. Apunta a la emoción, preferiblemente al ‘shock’, no al conocimiento. A descrestar, jamás a enseñar.
Basta con leer los folleticos de Dan Brown (“No tenemos acceso a aviones privados para autores de libros sobre historia religiosa”) o el palabrerío de Montserrat Rico Góngora, pletórico de adjetivos que ensombrecen los sustantivos que esculca en diccionarios de arcaísmos. En la otra orilla del lodoso río del idioma, las ampulosas declaraciones de los funcionarios estatales. Si aquellos son sospechosos de vacuidad; estos lo son de ignorancia.
Ábrase el cajón de frases ruidosas con la carta publicada por LA PATRIA el martes 6, firmada por Silvio Eduardo Arboleda y siete diputados (empu…) porque no les dan ‘vitrina’: según los padres del departamento, el silencio periodístico “deja en entredicho nuestro trabajo y hace que el lector incluso le dé una mirada "carnavalesca" a lo que hacemos…”. Mirada carnavalesca es la de los políticos cuando se ponen la máscara del interés por la comunidad…
Eso es farolear: figurar por figurar. Escriben para que los demás no entiendan y posar de cultos sin serlo. 
Abundan expresiones similares: ¿“construcción de memoria” o “de identidad” a qué apuntan? ¿A que Colombia se reinventa todos los días y nunca sabe qué es?
La música étnica no es nada, porque lo étnico no es ritmo, género ni estilo. Culturalmente tampoco. Hasta quienes componen tendrán alguna etnia.
¿La música urbana no puede cantarse en una finca? Urbano es un adjetivo bastante común; no necesita partitura. Claro que las porquerías de Maluma tampoco son aptas para ciudades.
Las mujeres que se sobreponen a los avatares son resilientes. Los hombres no. No puede decirse que hay sinónimos como fortaleza y estoicismo, porque pierden méritos. No son luchadoras; son guerreras. ¿Por qué las que dan guerra son solo jodonas?
Una reunión cualquiera es una cumbre y hasta un entrenador provisional empieza una era. A lo mejor, porque a la semana siguiente podría decirse: “era”.
Un artista, así sea del engaño, se presenta en vivo. ¿Habrá actuaciones en muerto? 
Cualquier intervención es participación activa. ¿Cómo será una participación pasiva? Otro exabrupto es la jornada de descanso que aman los periodistas deportivos.
Nada empieza, comienza ni principia; todo arranca como si fuera yucas, o inicia como un ritual. La promiscuidad sexual es poliamor y la gelatina, masmelo de pata. Ya no se es ridículo, descarado ni desfachatado, sino olímpico. O folclórico, para desgracia de la cultura vernácula.
Numerosos periodistas omiten aclarar las oscuras fuentes y frivolizan las noticias: ya no hay análisis sino lectura. (Todos pueden leer; pocos analizan). Las alzas de precios son reajustes, aunque también signifiquen disminución. 
Los secuestros son retenciones; el delito de violación carnal es un acceso; la víctima es afectada. LA PATRIA, lunes 5: “La afectada […] inicialmente no quiso referirse a lo que pasó, pero luego indicó que el sujeto la había accedido”. ¡Tan suavemente, que la dejó desnuda en la calle!
Se cae en rimbombancias: “Corpocaldas hará una restauración vegetal con especies arbustivas ornamentales de colores”. En mis tiempos usábamos “reforestar”, y eso que no había restricción de espacio. Hace recordar el informe de un técnico que para reparar una fuga de gas removió “un trozo de cerámica artesanal cocida”, léase matera.
Reproducen la pedantería: “El Café de Origen posee características organolépticas y tiene notas achocolatadas y acarameladas”, en LA PATRIA de octubre 29. La fuente no se dignó explicar, ni el reportero pedir traducción. Será porque el “café de origen” es tan importante, que debe ir con mayúsculas.
(¿Hay café sin origen? En casa se toma leche de origen… conocido: la vaca).
El lenguaje es fundamental para el culto a la ignorancia que da “valor a lo obvio, lo intrascendente”. Importa más el empaque que el contenido.
Estimular la inteligencia y recrear el espíritu en el diálogo y la lectura se volvió utopía.


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