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La Casa de la Mujer de La Dorada: un voluntariado por el bienestar de las mujeres del Magdalena Centro


Hace casi 9 años un grupo de mujeres de diversas organizaciones sociales decidieron construir un espacio para la protección de las mujeres bajo la premisa de que “la mujer sabia sabe cómo edificar su casa”. Sin recursos para emprender esta epopeya empezaron por definir espacios de encuentro para que las mujeres pudieran contar sus dificultades y buscar consuelo y apoyo. Hoy ofrece diversos servicios a las mujeres del Magdalena Centro, todos mediante el establecimiento de alianzas con diversas instituciones regionales.

La Casa de la Mujer es una expresión de las organizaciones de la sociedad civil, que cumplen un papel tan importante en el desarrollo de la sociedad en todo el mundo hoy en día. El Estado desempeña un rol clave en este propósito, pero tiene limitaciones de personal y de conocimiento para identificar los problemas desde su causa y canalizar las soluciones apropiadas. En cambio, una organización como la Casa de la Mujer se basa en la experiencia y conocimiento de mujeres que viven en los sectores poblacionales que quieren ayudar, saben con mucha precisión lo que realmente pasa en las familias y comunidades que acompaña, pueden identificar lo que sirve y lo que no está funcionando en el apoyo estatal a las comunidades. En ese sentido, las organizaciones como la Casa de la Mujer son complementarias con las instituciones del Estado para avanzar en la superación de la pobreza, la violencia, la discriminación y otros obstáculos que se oponen al bienestar de las comunidades.

El servicio que presta este tipo de organizaciones incluye las visitas puerta a puerta de los barrios más deprimidos de la ciudad, las conversaciones en la tienda, los corrillos en el parque, en donde la realidad surge cruda, mostrando los matices que no se pueden ver en los ambientes cerrados de la atención institucional. La misma Casa de la Mujer en su configuración física, tiene salones para la escucha de las mujeres, en donde contar las tristezas constituye una voz de auxilio, pero también una oportunidad para la solidaridad entre las mujeres maltratadas.

Y al final, este conocimiento se articula con las relaciones que tejen las mujeres de la Casa de la Mujer con las instituciones del Estado (salud, seguridad, justicia, empleo) para mejorar la eficiencia de la inversión estatal en la búsqueda de mejores condiciones de vida y equidad para las mujeres del territorio.

Estas mujeres sabias han sabido como construir su casa.

 

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Javier Moncayo

Director Ejecutivo PDPMC


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