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Indígenas en el Cauca enfrentan su guerra contra las drogas


COLPRENSA | LA PATRIA | POPAYÁN

Las comunidades indígenas del norte del Cauca enfrentan a un enemigo poderoso y sanguinario: el Cartel de Sinaloa Nueva Generación. Así lo afirma un panfleto que se hizo público hace días y que circula en las redes sociales de los líderes y guardias indígenas.

Esta intimidación se concretó con el asesinato de dos integrantes de la organización encargada de la seguridad de los pueblos originarios, situación que tiene a la comunidad aterrorizada porque el ataque fue sangriento.

“Tengo 45 años y nunca, pero nunca, he visto un ataque tan directo y cruel contra la guardia, más cuando son ellos los que mandan en la zona”, exclama un líder social de Caloto frente al hecho que tiene hablando a todo un pueblo, más cuando la posibilidad de una nueva incursión armada está latente y los cultivos de marihuana genéticamente transformada están en su apogeo. Se calcula que en la zona hay por lo menos 233 hectáreas sembradas con esta clase de cannabis

Por eso, y desde tempranas horas del día, los guardias están recorriendo los municipios de Toribío, Caloto, Jambaló, para expulsar a los integrantes de esta organización criminal, poniendo incluso en riego sus vidas. En otros casos, queman los cargamentos de marihuana o de cocaína incautados, cumpliendo la determinación del pueblo nasa.

De ahí, en medio de esa guerra generada por el narcotráfico, surgen versiones que permiten tejer las causas de estos hechos violentos, como la entregada por Harold Secué, consejero.

“En menos de tres semanas capturamos a por lo menos 15 disidentes de las Farc o de grupos armados que delinquen en nuestros territorios, ellos están en los calabozos de los cabildos de acá de Toribío, entonces en retaliación por ese control territorial efectivo, vienen y nos atacan cruelmente, buscando además liberar a esos sujetos que la misma comunidad espera castigar”, relata el líder indígena al exponer que su guardia es más efectiva que la misma fuerza pública enfrentando a los delincuentes.

Esa sería una explicación de por qué, desde la semana pasada, se registran los ataques a la guardia: emboscadas, hostigamientos desde la parte alta de la cordillera, seguimiento a los comuneros cuando estos se movilizan solos por estos municipios. Es un plan para obligarlos a desistir de su tarea de autoridades nativas.

En el norte del Cauca se libra una guerra sin cuartel, adelantada por guerrilleros que no se desmovilizaron y se quedaron con las armas que no entregaron, aplicando las técnicas aprendidas cuando combatían al Estado. A lo anterior se suma la llegada de otros grupos armados, como Los Pelusos, así como de narcotraficantes del centro y oriente del país.

Ese accionar criminal y miliar sustentado, en parte, en el boom marimbero, el cual se refleja en casos como la incautación de una tonelada y media de creepy hace 15 días, cargamento rotulado con las fotografías de Pablo Escobar y Osama Bin Laden y que tenía como destino el puerto de Buenaventura.

Es un problema que, según líderes de la región, se dejó crecer, y ahora que se le está haciendo frente, es una amenaza.

“Lastimosamente, algunos nativos permitieron la proliferación de cultivos ilícitos, generándose pactos con personas que fueron quedando por fuera de este negocio ilícito y remplazados por delincuentes más crueles, quienes no van a respetar cosmovisiones, discursos o mingas, van a matar a quien no permita esta actividad y por eso mataron a esos guardias”, explica el líder social caloteño.

Y es que por las calles de este poblado se comenta que el ataque del sábado fue una retaliación por no acatar las advertencias que circulan desde mediados de año: “guardia que obstruya el negocio del narcotráfico, guardia que será ultimado”.

“Ahora viene la minga interna, ya hicimos la minga hacia afuera, ahora nos toca sanear nuestros territorios, de ahí que la toda la guardia esté en Toribío para pelear por nuestras vidas eso lo hacemos mientras esperamos que el Gobierno haga presencia en el territorio, que conozcan la realidad en campo”, dice Ferley Quintero, consejero mayor del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC).

De manera extraordinaria, la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, llegó ayer a Popayán, donde sostuvo una reunión con la dirigencia del CRIC. Sin embargo, no se llegó a concretar el inicio de planes de trabajo conjunto.

En declaraciones a emisoras de radio, la ministra lamentó que las autoridades indígenas se nieguen a permitir la presencia de la fuerza pública en los territorios, mientras que los indígenas insisten en su exigencia de que el presidente, Iván Duque Márquez, llegue al norte del Cauca, la cual no se hizo efectiva durante la minga de hace unos meses.

Mientras se llega un entendimiento de las autoridades tradicionales con el Gobierno nacional, ellas continúan con sus controles en la zona del país, pese a los riesgos que corren. Su convicción es la que expresa un guardia del resguardo Munchique Los Tigres: “Esa gente cae porque cae, porque es todo una comunidad enfrentándolos sin miedo y con valor”.

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