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Malabares callejeros, para unos rebusque para otros arte


Diana Lorena Gutiérrez

LA PATRIA | MANIZALES

A José Ramíro lo conocen como Cirilo. Es bogotano, pero vive en Manizales hace cuatro años. Pertenece a Circo Manizales, organización que agremia a 15 artistas callejeros, de los cuales tres hacen malabares en semáforos.

Ocho de sus 28 años de vida los ha dedicado al arte. Se preparó en una escuela de circo en Bogotá y comenzó a viajar por el país, pero estando en Manizales su pareja quedó embarazada y se establecieron acá.

Para él, el malabarismo es una profesión, no un pasatiempo, y el semáforo, una ayuda. "Si esto fuera mendicidad estiraría la mano y pasaba carro por carro. Que reconozcan tu trabajo, depende de cómo lo haces. Quienes lo hacen con la cara sucia y para cosas malas son los que se encargan de denigrar nuestro oficio. No vivo en la calle ni estoy en las drogas. En los semáforos no solo hay viciosos y limosneros, también hay artistas", expresa.

Stefania Patiño es una manizaleña, de 21 años, que conoce la mitad de Colombia y otros países gracias al malabarismo que practica hace tres años.

Es estudiante de séptimo semestre de Veterinaria. No pasa por su mente dejar su carrera y dice que, a pesar de que no es fácil, los malabares le permiten viajar. "Esto agota físicamente y hay que estar sonriendo. No falta quien me trate mal, de vaga y viciosa. También me felicitan y se alegran con mi espectáculo", dice. Agrega que su familia la apoya y que el dinero que recoge (a veces $15 mil y los mejores días hasta $100 mil) los gasta en viajes y sabe que los mismos malabaristas se encargan del mal concepto en el que los tienen.

Puro equilibrio y motricidad

Luis Eduardo Murillo es de Manizales, tiene 26 años y hace siete que se dedica a la cuerda floja, pero lo que comenzó como un pasatiempo se convirtió en su sustento. Estudia Licenciatura en Educación Física y ve el malabarismo como una actividad de destreza.

Procura hacerse siempre en el mismo semáforo de la Avenida Kevin Ángel y mejorar sus herramientas de trabajo para no correr riesgos.

A veces trabaja solo y otros días lo acompaña Jhonnny Gutiérrez, estudiante de Administración de Empresas que promociona sus muestras artísticas en Facebook.

Jhonny lo ve como un arte circense, pero también como un trabajo. Tiene 34 años y desea crear una empresa artística. Dice que el malabarismo lo saca de necesidades. Práctica cuerda floja y monociclo.

Al circo hay que hacerle control

"Unos lo hacen porque usan la calle como escenario para confrontar lo aprendido, lo cual es valido. También están los que dan pesar y no tienen ni idea de hacer malabares y los que buscan plata", indica Leonardo Arias Escobar, director de Actores en Escena.

Según él, el arte es muy subjetivo y en el caso de los malabares no hay vigilancia ni rigurosidad, tampoco criterio que permita calidad. Añade que es importante entender que el circo de calle viene emergiendo en la ciudad, pero hay que hacerle un control de calidad.

Carlos Gaviria, secretario de Tránsito dice que no está permitido el uso del espacio público ni mucho menos que obstruyan la vía. "Algunos se amarran de los semáforos y pueden dañar las estructuras. Ellos pueden pararse en la cabeza, pero si hacen daños pueden ser multados con el Código de Policía. Según el funcionario, hasta el momento no hay registros de ninguno que haya sido multado.

Héctor Fernando Ortiz, gerente del Instituto de Cultura y Turismo, dice que con Circo Manizales tratan de vincularlos a todos, pero hay dificultades porque no tienen autorización para trabajar en los semáforos y porque unos son foráneos y otros locales. Cuenta que no hay cifras de las personas que se dedican al arte callejero en la ciudad. Para él, su trabajo es respetable y valora lo que hacen, sea en un parque o un semáforo mientras respeten la normatividad.

Para Hernando Peláez, jefe de la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Secretaría de Gobierno, estas manifestaciones artísticas no son ilegales, siempre y cuando, no dificulten el tráfico ni ocupen o dañen el amoblamiento urbano. "De ser así, el artículo 140, numeral tercero, del Código de Policía, permite solicitar una orden de comparendo, el cual equivale a $834 mil y la reparación de los daños materiales al bien de uso público".

Señala que cualquier tipo de expresión artística, sea música, malabarismo o teatro está constitucionalmente reconocida, lo cual quiere decir que es legal mientras no haya daños.

Arte hecho negocio

Michael Hoyos es de Manizales, tiene 25 años y vive en La Sultana. Hace malabares con aros. Lo que sabe lo aprendió en tutoriales de Youtube. Valora el arte, pero lo ve como un negocio. Un día malo se hace 10 mil pesos y ha llegado a hacerse hasta 50 mil.

Su segunda opción

Jhon Edison Ávila Rivas, de 24 años, es de Manizales y vive en San Sebastián. Desde los 14 años le gusta el malabarismo, pero trabajaba en construcción. Hace tres años lo apuñalaron en medio de una riña y quedó con limitaciones físicas por lo que practica malabarismo con bolas, machetes y candela. Al día se hace $20 mil.

Quiere vivir del arte

Alejandro Giraldo, tiene 22 años. Hace un año es malabarista. Aprendió viendo a un amigo en la universidad donde estudia Administración de Sistemas Informáticos. Los semáforos de Palermo, el sector del Estadio y San Jorge son sus escenarios. Afirma que hay días que se va a casa con $500 pesos y otros con $70 mil.

El foráneo

Andrés Jemery Lobos es chileno y tiene 29 años, llegó a Manizales hace ocho días. Lleva dos meses en Colombia. Viaja por el mundo y se sostiene con la plata que consigue haciendo malabares con pelotas llenas de arroz que él mismo hace. Estudió Veterinaria, pero nunca ejerció. En un día se hace hasta $30 mil, con lo que paga una pieza y transporte.

Opiniones

* José Julián Sánchez, comerciante: Son artistas y guerreros. Trabajar en los semáforos no es fácil.

* Armando Ortiz, comerciante:  Es un oficio. Se están rebuscando la vida. Desde que no molesten a nadie no tiene nada malo.

* Jhonatan Tamayo, empleado: Es lamentable que deban recurrir a los semáforos para mostrar sus expresiones artísticas cuando la ciudad debería propiciar entornos para visibilizar su trabajo.

* Daniela Mejía, veterinaria: Es un trabajo como cualquiera y lo hacen bien.


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