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Kim y Trump, listos para dejar atrás el pasado


EFE | LA PATRIA | SINGAPUR

El presidente de EE.UU., Donald Trump, y el líder norcoreano, Kim Jong-un, firmaron un "detallado" acuerdo tras su histórica cumbre en Singapur.

Tras cuatro horas de reuniones en el hotel Capella de la isla de Sentosa, Kim y Trump protagonizaron una ceremonia para firmar un documento conjunto al final de la cumbre.

"Hemos mantenido una reunión histórica, y estamos listos para dejar atrás el pasado. El mundo va a presenciar un gran cambio", dijo Kim durante la firma, en la que también quiso mostrar su "agradecimiento" a Trump por su disposición a celebrar la reunión.

El mandatario estadounidense expresó que el documento firmado era "muy detallado" y aseguró que estaba desarrollando "un vínculo muy especial" con Kim.

"Vamos a ocuparnos de un problema muy grande y muy peligroso para el mundo", recalcó Trump.

El mandatario aseguró que el proceso de desnuclearización de Corea del Norte comenzará "muy rápido".

En declaraciones a periodistas al separarse de Kim, Trump describió al líder norcoreano como un hombre "con mucho talento" que "ama mucho a su país", y añadió que ambos se reunirán "muchas veces" a partir de ahora.

Preguntado por si invitaría a Kim a la Casa Blanca, el mandatario respondió: "Absolutamente, lo haré".

La cumbre de Singapur, cuyo objetivo fue la desnuclearización de Pyongyang, es la primera entre mandatarios de ambos países tras 70 años de confrontación a raíz de la Guerra de Corea (1950-1953), y 25 de negociaciones fallidas y tensiones a cuenta del programa atómico norcoreano.

Desde aquella guerra, considerada el primer "conflicto caliente" donde Washington y Moscú compitieron por imponerse en el nuevo orden mundial incipiente a mediados del siglo XX, Estados Unidos y Corea del Norte han intercambiado constantes amenazas y provocaciones que durante el año pasado desataron el temor a un nuevo choque bélico.

Esta reciente fase de hostilidad coincidió con la llegada a la Casa Blanca de Donald Trump a comienzos del 2017, que marcó el inicio de una intensa actividad armamentística de Pyongyang a la que el nuevo ocupante del Despacho Oval respondió incrementando la presión sobre el país y con insinuaciones de ejecutar un ataque preventivo.

Contra todo pronóstico, los tambores de guerra dejaron paso a un proceso de acercamiento intercoreano impulsado por el presidente del Sur, Moon Jae-in, y facilitado por la disposición al diálogo del líder del Norte, Kim Jong-un, y su suspensión de los ensayos nucleares y de misiles.

La histórica cumbre entre Norte y Sur del pasado abril allanó el camino para el encuentro que se celebro en Singapur entre Trump y Kim, al culminarse con un compromiso para la "completa desnuclearización" de Corea y para establecer la paz permanente en la península.

A pesar del optimismo generado por aquel encuentro de cara a la esperada cita entre Washington y Pyongyang, los preparativos para la cumbre fueron un tira y afloje entre ambas partes, lo que por momentos dejó en el aire la celebración de la reunión.

Y es que el antagonismo con EE.UU. es parte del ADN del régimen norcoreano desde que las tropas estadounidenses intervinieron en la península en el verano de 1950 para frenar el rápido avance hacia el Sur por parte de fuerzas del Norte con el objetivo de reunificar el país.

El Ejército norcoreano, comandado por el fundador del país y abuelo del actual dictador, Kim Il-sung, recibió el respaldo de Moscú y de Pekín en un sangriento conflicto contra las fuerzas estadounidenses que lideraban una coalición de la ONU para defender al Sur.

La contienda se prolongó durante tres años hasta suspenderse con un armisticio que no fue sustituido por un tratado de paz, y pese a sus devastadoras consecuencias humanitarias volvió a dejar la frontera fijada en torno al paralelo 38 y restableció el equilibrio de fuerzas entre los dos grandes bloques mundiales.

Para el hermético régimen, que nunca ha reconocido que comenzó la afrenta, las atrocidades bélicas de Estados Unidos siguen articulando su retórica y su propaganda anti-imperialista, mientras que el sueño de la reunificación continúa siendo uno de sus principios ideológicos.

La versión oficial norcoreana de este conflicto asegura que fue iniciado por el Sur junto con sus aliados imperialistas, y lo describe como una lucha contra los invasores estadounidenses a la que se designa como "Gran guerra de liberación de la madre patria".

El antiamericanismo ha sido de las principales armas de los Kim para asegurarse el apoyo del pueblo durante casi siete décadas y tres diferentes líderes: Kim Il-sung (1953-1994), Kim Jong-il (1994-2011) y Kim Jong-un (desde 2011), según la mayoría de los expertos.

La dialéctica de David contra Goliat, la resistencia ante el enemigo invasor y la necesidad de ser autosuficientes son los argumentos que el régimen ha utilizado para mantenerse en el poder y emprender una escalda armamentística culminada por el actual líder, Kim Jong-un, quien ha declarado al país como una potencia nuclear, pero que ayer según Trump decidió echar para atrás.

Anécdota

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, mostró el interior de su limusina presidencial blindada, apodada "La Bestia", al líder norcoreano Kim Jong-un. Ambos líderes interrumpieron su almuerzo para pasear juntos y se dirigieron hacia la comitiva de vehículos aparcados frente al hotel Capella, sede de la cumbre, donde Trump le enseñó a Kim el interior de su Cadillac de nueve toneladas a prueba de balas y bombas.

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