Repaso por la memoria y por el exilio de los recuerdos


LISET ESPINOZA

LA PATRIA | MANIZALES

El pasado es ese país del cual salimos exiliados, y en Jacinta en el umbral el exilio inicia “cuando comenzamos a matar las cosas que amamos, pero no lo hacemos con saña, lo hacemos con la misma suavidad con que esos recuerdos se hacen presencia y con la misma violencia que produce el después, el no me acuerdo, el cómo se llamaba, el cómo se decía”…

Las historias familiares que María escucha de su abuela mientras la peina, y que a la vez son recreadas por los actores, hacen que el espectador entienda situaciones como el desamor, la mendicidad y el no tener libertad para elegir a esa persona con quien quieres vivir.

Esta obra del director y dramaturgo Arístides Vargas está cargada de toques de humor, de nostalgia, pero también de bellas escenas como cuando Jacinta, entrada en años, camina sobre mesas que simulan un camino, impulsada por su hermana Francisca, para que vaya en busca del amor de su vida, del único hombre que le habló de amor.

Montaje

Cuatro mesas de madera, igual número de sillas, copas de vino y vino son el montaje que preparó el pasado martes y anoche el Galpón de Bellas Artes durante los 65 minutos que estuvo la compañía Argentina Celcit.

El miedo a olvidar las palabras, a perder la memoria y los recuerdos, la tarea de los cuatro actores desde sus personajes. Instantes de la obra que se paralizan mientras una de las dos actrices interviene para relatar lo que continuará en la escena es una forma diferente de narrar las historias que empiezan y terminan con María peinando a su abuela.

Para esta puesta en escena, Arístides hace una selección de diferentes obras como La muchacha de los libros usados, El lazarillo y La edad de la ciruela para articularlas bajo el nombre de Jacinta y darle identidad propia.  

El corazón de la cebolla, del grupo Malayerba de Ecuador, también es una obra de Arístides Vargas. 


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