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"Ser ciega es lo mejor que me ha pasado": fotógrafa invidente


LISET ESPINOZA

LA PATRIA | MANIZALES

"Me acosté viendo y amanecí ciega"

-Yaneth, recíbeme.

- ¿Que te reciba qué, mamá?

-Pues lo que te estoy entregando.

-Mamá no veo, no veo.

-¿Cómo así?

-¡Mamá! no veo, no veo, no veo...

En el 2010, Yaneth Cuartas tuvo el anterior diálogo con su madre cuando esta, como todas las mañanas le llevaba una taza de café.

Han pasado siete años desde ese angustiante despertar. Al recordarlo como si hubiera sido ayer, se le eriza la piel. Desde ese día tampoco ve la luz que entra por debajo de su puerta. Se levantó de su cama, pero no fue capaz de dar un paso, porque la embargó una sensación de inseguridad, igual que el miedo en su alma.

"Me acosté viendo y amanecí ciega. Es una situación que con palabras no sé definir. Es algo caótico, triste y deprimente. Nací con una enfermedad desde el vientre de mi madre (retinitis pigmentaria), pero pudo más mi negligencia. No reconocí la patología y no tomé consciencia de lo que me iba a suceder. Era un tabú que no quise socializar con mi familia ni con los médicos, y cuando la enfermedad llegó, quedé ciega".

Cuando había color

Antes de perder la visión, Yaneth trabajó en un restaurante y, según ella, llevaba una vida vacía y sin horizonte. Además, la palabra ciego era sinónimo de pena y vergüenza, a pesar de que durante tres años su madre la vinculó al Instituto Nacional para Ciegos, pero no regresó. Al no ver, su percepción de los invidentes cambió.

"Ser ciega es lo mejor que me ha pasado en la vida. Ha sido un cambio del cielo a la tierra. Mantengo orgullosa de lo que soy, me quiero y me amo. Las personas invidentes que antes despreciaba, ahora son mis amigos. Fueron un elemento importante en el proceso, porque al estar con ellos entendí que una discapacidad no es el fin del mundo, al contrario es un nuevo amanecer, un nuevo despertar".

Tiempos difíciles

A los 34 años los ojos de Yaneth dejaron de percibir la luz. El primer año fue difícil. No tenía misión, visión, ni futuro. Debía empezar de cero, Manizales era desconocida para ella, no sabía moverse sin ayuda y le tocó estudiar la nomenclatura de la ciudad para movilizarse. Asimismo, conocer cada rincón del pequeño apartamento en el que vive con su mamá y al que para llegar debe descender 32 escalones estrechos y desnivelados.

"Cuando uno adquiere una discapacidad piensa que no se sirve para nada, que no vale, que se está muerto en vida, pero la oración tuvo un efecto poderoso en mí. A través de ella Dios me puso a una amiga, Sandra Viviana Castellanos, y a mi hermana, Patricia, que me hicieron caer en cuenta de que el mundo no se terminaba ahí".

Descubrió que como ella había otras personas con discapacidad visual. Con su mamá asistió a un grupo y la bienvenida fue espectacular. "Me invitaron a participar en un obra de teatro y ahí descubrí cualidades que no sabía que tenía".

Masajista

Con el paso del tiempo, Yaneth se adaptó a su nueva vida. Habla por celular y navega por internet como cualquier persona que ve, gracias a un lector de pantalla, el cual consta de una voz sintética que lee la información que se presenta en el monitor de la computadora o del teléfono. Descubrió que desarrolló más sus otros sentidos lo que la llevó a ser masajista. "Sentía más de lo normal en mis manos, escuchaba mucho mejor que antes, el cambio físico fue extraordinario y me propuse potencializarlos, así que pensé en los masajes. Estudié en el politécnico, en el Hotel Escorial, en el Sena y con esos conocimientos formé mi empresa Kaoa masajes, en donde ofrezco masajes relajantes, terapéuticos, manejo del dolor con calor húmedo y frío, reductores, mascarillas. Trabajo desde mi casa o a domicilio".

Fotógrafa

Otra pasión que desarrolló fue la fotografía, la que describe como magia y fantasía. "Es maravilloso porque reflejamos lo que sentimos y percibimos a través de las imágenes. No vemos con los ojos, sino con el alma".

Hace un año forma parte del colectivo Ciego, el mito del invisible, que lidera Eduardo Mejía por medio del proyecto La técnica del hilo negro. "Esta técnica se basa en un hilo que tiene unos nudos que nos marcan las distancias del objeto que queremos retratar. Un extremo del hilo se amarra al objeto y el otro extremo lo tenemos nosotros en el dedo con el que haremos la captura. Dependiendo del plano tomamos o no distancia del objeto y a la cuenta de tres se suelta el hilo para que este no quede registrado en la imagen".

Este colectivo lo conforman 12 personas en su misma condición, más fotógrafos que con sus equipos se unen a la causa para enseñarles a tomar fotografías. Los encuentros son los miércoles en la tarde en la Casa de la Cultura del barrio San José. "Me gusta fotografiar la naturaleza. Mi trabajo de campo se llama los diferentes estados del cielo. Quiero retratar cómo comienza un anochecer y un amanecer porque para nosotros la ceguera comienza en una noche y a medida que va pasando la visión se convierte en un cielo blanco despejado", contó.

Antecedente

Ciego, el mito del invisible es un proyecto de Uelkom Research inspirado en el análisis y comportamiento situacional en la vida cotidiana de personas en condición de discapacidad visual en poblaciones invidentes de Colombia. Este experimento se desarrollo con base en el proyecto fotográfico Mexicano El hilo negro fundado por el Buró Cultural Artesano y dirigido a invidentes de Jalisco, Querétaro y Zacatecas.


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