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La Fundación Jéssica les da la mano y el corazón


Laura Cardona y Óscar Veiman Mejía

LA PATRIA | Manizales

A esa altura de la conversación, Beatriz Timmerman no pudo controlar las lágrimas. Por su mente pasaron los niños, en los semáforos de la Galería, sonriendo, corriendo y gritando: "Parce, parce, la Mona trajo buñuelos y regalos".

El recuerdo llegó en una mesa del Teatro Los Fundadores, donde la Fundación Jéssica celebró cinco años de darles la mano y el corazón a estudiantes y adultos mayores, que viven o llegan a Manizales.

Beatriz y su hermana Ana Pastora son el alma de la Fundación Jéssica. La solidaridad es su sello principal. Uniformes para niños de la Gota de Leche, hospedaje, matrícula y alimentación para universitarios, materiales para la casa de una abuela, y más.

Beatriz comenta: "Mi hermana Ana Pastora era mi puente siempre que quería ayudar a alguien. Un día dijimos por qué no le damos nombre a esto que hacemos. Entonces, le pusimos Jéssica, que fue mi primera hija y murió".

Para ella, Jéssica es sinónimo de valentía, fuerza, perseverancia. "Luego tuve dos hijos y los saqué adelante sola. Esto de ayudar se me convirtió en una pasión desde muy joven cuando trabajé con Papá Jaime y Fernando Jaramillo en Niños de los Andes. Me parecía increíble poderles ayudar a esos pequeños".

Más ayudas

En la misma mesa su hermana Ana Pastora explica: "Ayudamos a todo tipo de personas, ellas llegan a nosotros por distintos medios. Hay voluntarias que saben de la necesidad de las personas, entonces nos las refieren".

Recuerda que Beatriz donaba dinero a la Gota de Leche. Notaron que había pequeños con zapatos rotos o que no tenían uniforme. Era el primer año de la Fundación Jéssica. Entonces, con información de la Gota sobre los niños más necesitados, mandaron a confeccionar 24 uniformes con zapatos y sudadera. La entrega fue en el barrio Galán con mercados y obsequios.

Beatriz interrumpe para aclarar dos cosas que considera muy importantes:

"La necesidad de ayudar va creciendo en uno. Y Anita tiene un corazón más grande que el mío".

En el 2014 empezaron con el apoyo a 22 estudiantes, entre ellos, 17 de la U. de Caldas. En esa época 1.500 solicitaban alimentación y la U. podía brindarles a 700. Así, inicialmente, llegaron 5 alumnas hasta completar 17 que reciben almuerzo.  

Ana resalta la cadena de personas que colaboran. "Por ejemplo, el señor del restaurante en esa época nos vendía los almuerzos a $2.500 y ahora a $3.000. Le damos $100 mil por cada uno y les sirve almuerzo todo el mes, así sean 31 días".

A los favorecidos les dan dos opciones: $100 mil para alimentación o $100 mil para arrendamiento. Los que vienen de tierras lejanas, como unos de Cumbal (Nariño) prefieren ayuda para el alquiler, pues su familias les envían mercado.

Al acto de los cinco años arriban varias beneficiadas. El saludo es con besos y abrazos para Beatriz y Ana, quien retoma la palabra. "El 2015 fue el año de mayor crecimiento, ya motivadas teníamos 63 estudiantes. Hay 15 que vienen de la U. de Caldas más una de la U. de Manizales, serían en total 16 que tenemos desde esa época, los otros son nuevos".

En la charla salen más historias. La señora que pidió piso para su casa y al final también le hicieron paredes, pues estas eran plásticos. Una niña que no tenía para estudiar y le ayudaron con una chaza (venta de accesorios) para solventar sus necesidades. La caja de los sueños, surtida con pulceras, aretes y cosméticos para vender y ayudarse en la universidad.

Para Beatriz y Ana Pastora el objetivo es que Jéssica viva muchos años más. "Por eso, queremos que nos conozcan y que más personas y empresas se unan a nosotros". En este momento lo que la Fundación Jéssica busca es tener más voluntarios y donantes que permitan seguir haciendo realidad los sueños de estudiantes que no tienen los recursos suficientes para conseguirlos.

 

Arropados con el estudio

Elizabeth Colimba Chalparizan nació en Cumbal (Nariño). Cursa sexto semestre de Licenciatura en Ciencias Sociales. Ella y sus dos hermanos decidieron venir a estudiar a Manizales al no encontrar oportunidades en su lugar de origen. Hace tres años la Fundación Jéssica empezó a ayudarlos con el pago de la matrícula, la alimentación, el arriendo y las fotocopias, debido a una crisis financiera que atravesaba su familia.

De esta manera, su hermana pudo terminar estudios de Trabajo Social de la U. de Caldas. Además, una donante de la Fundación les facilitó un computador portátil, tenían uno en el que trabajan los tres.

Ana Pastora, la representante de la Fundación, los visita frecuentemente y realiza el pago del arriendo con puntualidad. Elizabeth y su hermano están próximos a finalizar estudios. La Fundación ha ayudado a 35 estudiantes indígenas de bajos recursos, provenientes de Nariño y Putumayo.

 

Construyendo con María Isabel

El siguiente es el testimonio de María Isabel Patiño

“Yo trabajaba en construcción, pero tuve un accidente, me operaron y me dieron tres meses de incapacidad. El ingeniero de la obra en la que laboraba me dijo que debía firmar unos papeles y después de hacerlo, me dejaron sin indemnización.

Mi hijo menor tiene problemas mentales moderados y el del medio tuvo que renunciar a su trabajo para cuidarme, porque me han realizado dos cirugías de corazón. Mi esposo lleva la obligación solo, ya que mi hijo mayor vive en Bogotá y tiene su familia.

La Fundación Jéssica nunca me ha dejado sola, me ayudó a levantar mi casa porque tenía humedad y se me mojaba toda por dentro, además no tenía paredes.

Ana Pastora y Beatriz también me regalaron una vitrina surtida de cosméticos y mercancía para que de esta manera pudiera obtener ingresos”.

 

Alexandra Sánchez Aricapa, beneficiaria de Jéssica, respondió lo siguiente:

¿Hace cuánto tiempo le ayuda la Fundación y de qué manera?

La Fundación Jéssica me colabora desde hace cuatro años. Inicialmente entré al programa porque allí ayudaban a mujeres cabeza de hogar, pero después me empezaron a pagar la totalidad de la matrícula en la Universidad Remington.

¿Cómo conoció la Fundación Jéssica?

Estaba buscando oportunidades de estudio y llegué a la UniRemington porque me dijeron que era económica y tenía un buen nivel académico, pero aún así no tenía los recursos necesarios para estudiar. Cuando supe del costo del semestre fue muy triste porque no tenía posibilidad de ingresar, fue entonces cuando la secretaria de la Universidad habló con la gerente de Recursos Humanos porque

ella pertenecía a la Fundación Jéssica. Expusieron allí mi caso y Ana Pastora se comunicó conmigo días después. Desde ese momento empezaron a ayudarme con mi estudio y mantienen muy pendientes de lo que necesito. Actualmente curso noveno semestre de Negocios Internacionales.

¿Cuáles son los requisitos que exige la fundación para ayudarle?

Cuando me postulé como beneficiaria me realizaron un estudio, visitaron mi casa, tomaron fotos y pidieron toda mi información para verificar que realmente necesitaba la ayuda. Desde el 2014 se inició este proceso y el único requisito es tener un promedio superior a 3,6, de lo contrario perdería mi beca.

¿Qué es lo que más resalta de la Fundación?

Lo que más resalto de la Fundación es que sus dos representante son sensibles, creen en los jóvenes, en sus sueños y ganas de salir adelante. Siempre están pendientes de nuestras necesidades y nos ayudan desinteresadamente.

 

Fotos | Cortesía Fundación Jéssica | LA PATRIA

Angie Daniela Quintero recibe un portátil en los cinco años de la Fundación.

 

Foto | Darío Agusto Cardona | LA PATRIA

Las hermanas Ana Pastora y Beatriz, almas de la fundación Jéssica. 


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